La ultraconservadora Arabia Saudita abre sus puertas al turismo

El turismo desempeña un papel central en la apertura de este reino conservador al mundo, pero es poco probable que el país se convierta en un destino popular para el turismo de masas del extranjero.

Mujeres jóvenes pasean por una popular calle comercial de Riad. Foto: Oliver Weiken/dpa [ Ver fotogalería ]

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Por Jan Kuhlmann y Simon Kremer

El 27 de septiembre, el Reino de Arabia Saudita anunció que abriría sus puertas a los turistas extranjeros. En el futuro, turistas de varios países podrán viajar al país ultraconservador sin necesidad de tramitar una visa. El anuncio oficial llegó una semana antes de haberse cumplido el primer aniversario de la desaparición y muerte del periodista saudita Jamal Khashoggi. Safa al-Ahmed, periodista saudita exiliada, afirma que esta secuencia cronológica no es una casualidad y que es «bastante sospechosa»: «Están haciendo todo lo posible para cambiar el relato», opinó.

El país se encuentra en la picota desde el asesinato del periodista opositor saudita en el consulado de su país en Estambul, en parte porque la huella del sangriento hecho conducen al entorno directo del príncipe heredero Mohammed bin Salman, el hombre que está considerado como el verdadero gobernante del país e impulsor de las reformas. Con la apertura a los turistas extranjeros, Arabia Saudita continúa con el proceso de apertura social que comenzó hace unos años.

Desde este año, el gobierno saudita permite a las mujeres salir del país sin el permiso de un hombre, un paso importante hacia el fin de un sistema restrictivo de custodia que fue muy criticado en el país y en el extranjero.


El hijo del rey Salman y heredero de la dinastía Al-Saud, Mohammed -más conocido como «MbS»., autorizó la apertura de salas de cine, cerradas durante casi cuatro décadas, y en los últimos meses estrellas internacionales como Janet Jackson y el famoso rapero 50 Cent actuaron en conciertos multitudinarios en Riad. El año pasado, el ultraconservador reino abolió la controvertida prohibición de conducir impuesta a las mujeres, medida que fue celebrada tanto por las nuevas conductoras como por la comunidad internacional.

A mediados de 2019, la casa real anunció que también se levantarían las estrictas reglas de viaje para las mujeres y que éstas ya no necesitarán la luz verde de un tutor masculino para viajar al extranjero: otra medida impulsada por MbS que le valió el aplauso especialmente por parte de la generación joven. Y ahora los turistas. Hasta ahora, las visitas al país ultraconservador habían estado restringidas a los trabajadores residentes, viajeros de negocios y peregrinos musulmanes, a quienes se les otorgan visas especiales para visitar La Meca y Medina.

Una pareja disfruta en un restaurante de las vistas de Riad. 


En el pasado, a los turistas sólo se les permitía entrar al país en el marco de grupos organizados a través de una agencia. Ahora, los visitantes de 49 países, la mayoría de ellos europeos, recibirán sus visados por un importe de casi 110 euros (120 dólares) directamente a su llegada, por ejemplo, en el aeropuerto, y se les permitirá permanecer en el país durante tres meses seguidos, explicaron las autoridades sauditas.

Se trata de un gran paso hacia la modernización del Reino: «La apertura de Arabia Saudita a los turistas internacionales es un momento histórico para nuestro país«, declaró entusiasmado el jefe de la Comisión de Turismo saudita, Ahmed al-Chatib. Las reformas forman parte de un paquete de medidas con las que los gobernantes de la casa real quieren y deben reestructurar la economía del país. La «Visión 2030» anunciada por MbS pretende reducir la gran dependencia de Arabia Saudita del petróleo.

La plaza Al-Safah en Riad. El lugar se ha hecho famoso porque el Gobierno saudí lo utiliza para ejecuciones públicas. 


El turismo desempeña un papel central en este sentido. Los objetivos son ambiciosos. Para 2030, el Reino quiere aumentar el número de visitantes internacionales y nacionales a 100 millones por año, según comunicó la Comisión de Turismo de Riad. Sin embargo, es poco probable que el país se convierta en un destino popular para el turismo de masas del extranjero, especialmente para visitantes de Occidente.

A diferencia de lo que ocurre en el vecino Qatar o en el Emirato de Dubai, en Arabia Saudita, la cuna del islamismo, el alcohol sigue estando estrictamente prohibido. La Meca y Medina, que serían destinos atractivos para aquellos turistas interesados en la cultura, permanecerán cerradas a los no musulmanes. En cuanto al atuendo de las turistas extranjeras, éstas no estarán sujetas a los estrictos códigos de vestimenta que tienen que cumplir las mujeres árabes. Las extranjeras no deberán llevar abaya, la tradicional túnica holgada y larga, ni cubrirse el pelo con un velo o pañuelo, explicó la Comisión de Turismo.

La plaza Al-Safah en Riad. El lugar se ha hecho famoso porque la monarquía saudita lo utiliza para ejecuciones públicas. 


Sin embargo, las autoridades de Riad advirtieron que la ropa «indecente» sigue estando prohibida. Las turistas no podrán llevar prendas ajustadas o que dejen los hombros o las rodillas al descubierto. Las oscuras sombras de la política saudita, que recaen sobre el país no sólo desde el asesinato de Khashoggi, también podrían disuadir a muchos turistas del extranjero de viajar al país.

Mientras Arabia Saudita se abre socialmente, la casa real gobierna con mano de hierro. Numerosos críticos -incluidas varias activistas por los derechos de la mujer- se encuentran en la cárcel. En este sentido, MbS no tolera objeciones y se mantiene intransigente. Por eso, la periodista Safa al-Ahmed continúa escéptica, y explica que la gente se está beneficiando de los cambios y que las reformas económicas son importantes. Sin embargo enfatiza: «Pero eso no hace que desaparezca el historial de horror del gobierno saudita». (dpa)

Publicado el 9 de octubre de 2019

 

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