DESTINOS IMPENSABLE

Aunque no está en venta, Groenlandia se enfrenta al desafío del turismo masivo

Sus glaciares, icebergs y fauna la han convertido en un lugar popular para los amantes de la aventura y la naturaleza. Incluso si muchos de ellos llegan en avión, los cruceros constituyen una alternativa para descubrir el litoral.

Sus glaciares, icebergs y fauna la han convertido en un lugar popular para los amantes de la aventura y la naturaleza. Incluso si muchos de ellos llegan en avión, los cruceros constituyen una alternativa para descubrir el litoral. FOTO: PIXABAY [ Ver fotogalería ]

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Publicado el 18 de octubre de 2019

Deslizarse en kayak frente a icebergs azules y blancos a la deriva cerca del puerto, pasearse entre las coloridas casas, marchar en la naturaleza entre la nieve. En este verano, la temporada turística alcanza su clímax en Kulusuk, pequeña isla del este de Groenlandia en el Ártico. “Incluso pensando que te sorprenderás, lo estás aún más cuando ves la realidad”, se entusiasma Sarah Bovet, una artista suiza de 29 años, delante de un albergue para la juventud en Kulusuk donde viven durante el año unas 250 habitantes. “Todo es diferente aquí”, dice ella, en residencia artística en Groenlandia, quien también agrega que no esperaba ver paisajes pintorescos teñidos de casas con colores vivos.

Si una gran parte de los 85.000 turistas que desembarcan por año en Groenlandia eligen la costa oeste, la parte oriental también tiene sus atractivos con glaciares, naturaleza salvaje, ballenas y osos polares. Las divisas de los turistas constituyen una fuente de ingresos importante para la comunidad local, en complemento a sus actividades de pesca y caza que se practican aquí desde hace siglos, en el banco de hielo y en las aguas plateadas del océano. Justus Atuaq, un joven cazador de Kulusuk, lleva a los turistas en trineo en marzo y abril, la temporada alta de primavera que le garantiza el sustento para cuidar a sus perros.

“Los utilizo para cazar y a veces los turistas extranjeros también quieren hacerlo”, explica, tras haber alimentado a sus animales cerca de su casa de madera. El turismo aumentó en Groenlandia un 10% anual entre 2014 y 2017 y un 3% en 2018, según la oficina de turismo Visit Greenland. Sus glaciares, icebergs y fauna la han convertido en un lugar popular para los amantes de la aventura y la naturaleza. Incluso si muchos de ellos llegan en avión, los cruceros constituyen una alternativa para descubrir el litoral.

Búsqueda de independencia

Es un hecho que desde hace un tiempo Groenlandia atrae. Colonizado en los años 1700 por Dinamarca, este territorio rico en reservas no explotadas de petróleo, gas, minerales e importantes stocks de pescado y gambas, adquirió su autonomía en 1979. Hoy en día, muchos partidos groenlandeses esperan lograr la independencia. El territorio sigue recibiendo una subvención anual de Copenhague, estimada en 535 millones de dólares en 2017, pero algunos ven en el turismo un modo de volverse autosuficientes.

Hasta el presidente estadounidense Donald Trump se mostró tentado por sus recursos naturales y su creciente importancia estratégica a medida de que derrite el banco de hielo, y en agosto anunció que quería comprar Groenlandia, una propuesta que dejó estupefacto al reino danés. Más allá de estas cuestiones, lo que sí es cierto es que el aumento del número de visitantes pone bajo presión a las infraestructuras de Kulusuk, a raíz de la situación geográfica de Groenlandia, del clima y del costo de los viajes.

Con un supermercado, un aeropuerto construido en los años 1950 en plena Guerra Fría por el ejército estadounidense para ocuparse de una base radar, y un puerto rodeado de coloridas casas de madera destacando sobre colinas alrededor de un fiordo, Kulusuk quedó anclado en la historia. Al igual que muchas regiones de Groenlandia, la isla no tiene ninguna ruta pavimentada y los visitantes tienen que llegar por avión o por barco. Las excursiones desde Reikiavik a Kusuluk en barco de un día de duración durante la temporada alta estival, en julio y agosto, cuestan unas 97.000 coronas islandesas (unos 770 dólares).

La isla tiene un solo hotel, cerca de un fiordo, con treinta y dos habitaciones. Desde el comedor, pueden verse pequeños icebergs a la deriva. Abastecer el establecimiento no es algo simple para su propietario Jakob Ipsen, de 48 años, que creció entre Dinamarca y la costa oeste de Groenlandia. “Debemos conseguir todas nuestras provisiones con el primer barco (que llega luego de que se derrite el banco de hielo) para toda la temporada estival y con el último barco para todo el invierno”, explica.

Desarrollar infraestructuras

Visit Greenland afirma que el desarrollo del turismo es un objetivo pero que “Groenlandia tiene que responder a sus desafíos en materia de infraestructura”. El gobierno invierte en la modernización de los aeropuertos de Nuuk y Ilulissat, en la costa oeste de la isla, y planea construir otro aeropuerto en el sur, mientras la oficina de turismo indica que preveía también estudiar las repercusiones medioambientales debidas a la mejora del infraestructura.

El turismo se volvió vital pero “queremos intentar mantenerlo tal como está, para que no explote”, dice Jakob Ipsen. “En los lugares para acampar sin permiso donde antes estabas solo, ahora hay dos grupos a la vez”, afirma Johanna Bjork Sveinbjorndottir, que organiza visitas a Kulusuk para una empresa con sede en Islandia. “Si quieres que la naturaleza sobreviva a esto, tienes que desarrollar las infraestructuras”, advierte, preocupada por el impacto de un alza insensata del número de turistas. (Agence France-Presse)

 

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