Hasankeyf, la milenaria ciudad turca que desaparecerá bajo el agua

Aguas abajo fue puesta en funcionamiento la nueva represa y central hidroeléctrica de Ilisu, y el nivel del agua comenzó a subir inexorablemente en dirección a esta ciudad, a orillas del río Tigris.

Vista de la antigua ciudad de Hasankeyf, en el sureste de Turquía. La ciudad se encuentra en un paisaje cultural único a orillas del río Tigris. Los pilares del puente, que se dice que datan del siglo XII, han dominado el panorama de la ciudad durante siglos. Pero pronto Hasankeyf se hundirá bajo las aguas de una enorme represa. Fotos: Christine-Felice Röhrs/dpa [ Ver fotogalería ]

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(Publicado el 1 de noviembre de 2019)

En el centro de la antigua ciudad yace un enorme ataúd de hormigón con una escuela religiosa sepultada en él. Hace unas semanas, el centenario complejo fue cubierto de arena y hormigón con la esperanza de protegerlo de la inminente inundación. Hasankeyf, milenaria ciudad a orillas del río Tigris, en el sudeste de Turquía, y uno de los asentamientos humanos más antiguos del mundo, está destinada a desaparecer bajo el agua.

Aguas abajo fue puesta en funcionamiento la nueva represa y central hidroeléctrica de Ilisu, y el nivel del agua comenzó a subir inexorablemente en dirección a Hasankeyf. A finales de año, la ciudad quedará sumergida en un embalse de enormes dimensiones. El origen de Hasankeyf se remonta a tiempos prehistóricos, y sus primeros habitantes fueron los cazadores y recolectores del Paleolítico.

Un grupo de hombres se sienta a tomar el té en un bar en el paseo marítimo de la antigua ciudad de Hasankeyf. Se dice que Hasankeyf ha estado habitada durante unos 12.000 años.


La arqueóloga Gül Pulhan, que está realizando excavaciones en la zona, explica que cerca de Hasankeyf se ha descubierto un asentamiento, Hasankeyf Höyük, que data de hace 12.000 años. La científica señala que en la ciudad misma se pueden encontrar sobre todo vestigios de la Edad Media. La catedrática turca Zeynep Ahunbey, doctorada en Historia de la Arquitectura y dedicada durante años a la restauración y conservación de Hasankeyf, sostiene que el sitio, hasta ahora protegido, es un “paisaje cultural único” en medio de la belleza natural del valle del Tigris. Y lamenta: “Habría aún tanto por explorar y desenterrar”.

El ecologista alemán Ulrich Eichelmann considera que la inundación es “pura barbarie en el siglo XXI”. Eichelmann viajó a Hasankeyf a mediados de septiembre para despedirse. Entre 2006 y 2010 había coordinado gran parte de la resistencia internacional contra la construcción de la presa, primero en la organización ambientalista WWF, y luego con su propia ONG (organización no gubernamental), que ahora se llama Riverwatch.

A orillas del río Tigris se encuentran un pintoresco café y muelles de siglos de antigüedad.


Sentado en uno de los restaurantes que abundan como nidos en los acantilados de la ribera del Tigris, Eichelmann observa el trabajo de las excavadoras que están nivelando el suelo del paseo marítimo para facilitar el transporte de un último monumento. Un total de ocho estructuras históricas fueron rescatadas y trasladadas a un “parque arqueológico” cercano, incluyendo una tumba del siglo XV, una casa de baños y un minarete. Algunos activistas de Hasankeyf hablan de cientos de artefactos y monumentos que deberían ser protegidos.

Alemania y otros países europeos se retiraron del proyecto de la presa en 2009, cuando quedó claro que Turquía, entre otras cosas, no estaba cumpliendo sus obligaciones de proteger los bienes culturales y la naturaleza. Eichelmann visitó también el Ayuntamiento, donde en 2006 había plantado un árbol de la esperanza. El ecologista recuerda que en aquel entonces las protestas solían ser mucho más grandes y atraían a celebridades internacionales como la actriz y activista nicaragüense Bianca Jagger.

Vista de Hasankeyf, la antiquísima ciudad emplazada en un paisaje cultural único a orillas del río Tigris, que desaparecerá bajo las aguas de una represa.


Añade que la iniciativa contó asimismo con el apoyo del escritor turco y Premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk, la estrella turca del pop Tarkan, así como también de varios actores de Alemania. Firat Argun, el hotelero local, es uno de los pocos que todavía se resiste, e incluso decidió recurrir a la justicia porque piensa que la compensación por su propiedad es demasiado pequeña. La pensión de Argun es la única en la ciudad: unas pocas y modestas habitaciones, un idilio bajo las higueras.

“Cada libro sagrado tiene su versión del paraíso, con granados, higueras, animales y ríos”, dice Argun y mira a su alrededor con tristeza. Desde el jardín se escucha el ruido de las excavadoras. “Tenía mi propio paraíso en la tierra”, dice Argun, “ahora viene el infierno”.

El hotelero Firat Argun, delante de la nueva Hasankeyf.


El “infierno” de Argun es la nueva ciudad que construyó el Gobierno para reubicar a los desalojados. Esta se encuentra enfrente, en una ladera desnuda y expuesta al calor abrasador: hileras de casas idénticas construidas por la poderosa TOKI, empresa del Estado y responsable de la estandarización de ciudades enteras en Turquía. Los residentes denuncian que las nuevas casas han sido construidas con materiales de baja calidad. Argun señala las paredes inclinadas y las líneas eléctricas al descubierto. El hotelero lamenta no tener aún un permiso para una pensión en la ciudad nueva.

“En la ciudad nueva está prohibida la cría de ganado”, se queja el pastor del pueblo. Otro interviene diciendo que tampoco se puede hornear pan, ya que el típico horno tandur que se utiliza en la región produce demasiado humo para una ciudad moderna. Los residentes de Hasankeyf no sólo pierden su verde ciudad natal y su historia, sino también su cultura. Para las autoridades la inundación de Hasankeyf no es pérdida de identidad, sino progreso.

Ömer Güzel, político del partido AKP del presidente Recep Tayyip Erdogan y delegado de Hasankeyf en el Parlamento de la provincia de Batman, argumenta que la situación del municipio era frágil desde hace mucho tiempo. Güzel explica que la amenaza de la llegada del agua impidió durante décadas que se realizaran inversiones. El político está convencido de que el motor de la modesta economía de Hasankeyf, el turismo, puede sobrevivir sin el encanto del original. En su opinión, el castillo enmarcado por las aguas del Tigris atraerá a muchos visitantes, entre ellos también a los submarinistas.

Vista de Hasankeyf, la antiquísima ciudad emplazada en un paisaje cultural único a orillas del río Tigris, que desaparecerá bajo las aguas de una represa.


Para Turquía, la presa de Ilisu, a unos 70 kilómetros río abajo, es un monumento al progreso, parte de un proyecto de desarrollo con presas y centrales hidroeléctricas diseñadas para proporcionar electricidad, agua y trabajo a las regiones pobres. Ulrich Eichelmann opina que Turquía está repitiendo los errores del mundo occidental en nombre del progreso, y que no se necesitan más presas, ya que el país es un lugar muy atractivo para, por ejemplo, proyectos de energía solar. “Ni siquiera hubo una evaluación de impacto ambiental”, critica Eichelmann, y advierte que se extinguirán los animales y plantas ya amenazados: el pez leopardo, la tortuga del Éufrates, el álamo del Éufrates.

El efecto de la presa se sentirá mucho más allá de Turquía. Eichelmann explica que, cuando el agua del poderoso Tigris sea retenida en el embalse, se generará una escasez de agua en Irak, sobre todo en la región de los pantanos mesopotámicos cerca de Basora, dado que el Tigris también atraviesa territorio iraquí. De esta manera, el caso de la presa de Ilisu trasciende lo local y se convierte en una crisis política potencial. Al reivindicar el Tigris para sí, Turquía toma el control de una arteria natural vital para toda una región transfronteriza. Los países vecinos están alarmados. El 8 de octubre, el corazón de Hasankeyf, el paseo marítimo, fue evacuado para siempre por orden del gobernador. Firat Argun se quedará en su paraíso hasta que llegue el agua.

Por Christine-Felice Röhrs y Linda Say (dpa)

 

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