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El desconocido reino de Omán, cuna del incienso y de su apasionante historia

Ya los antiguos griegos, los faraones egipcios y los emperadores romanos sabían de las ventajas del incienso aromático del sur de Omán. Tutankamón se hizo llevar incienso al Valle de los Reyes.

Por qué no hacer parte del recorrido hacia la playa de Salalah en camello. Fotos: Manuel Meyer/dpa [ Ver fotogalería ]

Ficha

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El cuchillo de Ahmed al Awaid está tan afilado que la corteza del árbol de incienso se desprende de inmediato. «Si corto demasiado profundo, la corteza no vuelve a crecer y el árbol de seca», explica el hombre en el sur de Omán.

Resina blanca y lechosa comienza a brotar del árbol. Después de unos días, se vuelve a raspar. Después de una semana, nuevamente se corta el árbol en el mismo lugar. Apenas a la tercera vez, el árbol finalmente «sangra» el valioso olíbano, una resina aromática. Es esta resina la que le llevaron los tres Reyes Magos, además de mirra y oro, al niño Jesús. Y por eso su aroma forma parte para muchos de la Navidad.

Hay cuatro tipos de calidad que se distinguen claramente por el color. De marrón oscuro a colores ámbar y de un blanco amarillento a un verde casi transparente. «Cuanto más clara la resina, más puro y con ello más valioso el incienso», explica Ahmed.

La cuna del incienso

—Incienso, un aroma que en el mundo occidental suele ser asociado con la iglesia o fiestas religiosas. Foto: Manuel Meyer/dpa


Entre marzo y abril comienza la cosecha de incienso, que se extiende por varios meses. La mayor parte del incienso se produce hoy en día en Somalia, Eritrea y Etiopía. «Pero aquí en Wadi Dawkah nos encontramos en la cuna del árbol de incienso», dice orgulloso el omaní. En el año 2000, la Unesco declaró este valle seco en la provincia de Dhofar, en el sur del país, como patrimonio cultural de la humanidad junto a otras ciudades de la legendaria ruta del incienso.

Ahmed al Awaid administra el parque nacional de árboles de incienso, 40 kilómetros al norte de Salalah, la capital de la provincia y balneario para los turistas. En el antiguo lecho del río crecen más de 5.000 ejemplares en parte únicos de Boswellia Sacras, los árboles de incienso árabes. De ellos se obtiene el Royal al-Hojari omaní, considerado el más puro y más caro de los inciensos del mundo.

Un aroma embriagador

El vendedor Ahmed Taha se encuentra detrás de su puesto de ventas en el bazar de incienso de Salalah y habla acerca de las ventajas de la resina, que en la antigüedad tenía gran valor, como el oro. El aroma pesado y dulzón de su tienda es embriagador.

También de las otras tiendas del zoco del incienso sale un fuerte aroma. El bazar se encuentra cerca del palacio del sultán y el museo del incienso. Justo detrás, sobre la interminable franja de playa de arena, se encuentran las ruinas de Al-Baleed, el antiguo puerto de incienso de Salalah que ya fascinó al navegante Marco Polo.

Ahmed Taha explica que el incienso no sólo tiene un olor agradable, sino que además tranquiliza, purifica y anima el espíritu. Según dice, no puede faltar un quemador de incienso en ningún hogar de Omán. «Algunos lo usan incluso como goma de mascar para limpiar sus dientes», señala.

Las lágrimas de los dioses

—En las montañas de Qara se puede visitar la tumba del profeta Hiob. Foto: Manuel Meyer/dpa


 

Ya los antiguos griegos, los faraones egipcios y los emperadores romanos sabían de las ventajas del incienso aromático del sur de Omán. Tutankamón se hizo llevar incienso al Valle de los Reyes, según se determinó tras encontrar restos de resina en su tumba.

El emperador Nerón y el rey Salomón amaban su aroma. De esta forma, la región de Dhofar se convirtió en la cuna del incienso ya en la antigüedad. En los templos de Roma, Babilonia, Persia y Egipto se le hacían a los dioses ofrendas de incienso. Se lo llamaba «lágrimas de Alá» o «lágrimas de los dioses».

Durante mucho tiempo, no se supo de dónde provenía el incienso. «Oriente» era un término bastante inespecífico. Hoy en día se conoce su origen. Ya 2.000 años antes de Cristo, caravanas de camellos transportaban el «oro blanco» de la región del sur de Arabia Dhofar por la legendaria ruta del incienso.

La ruta comercial pasaba por Yemen y Arabia Saudí a lo largo del Mar Rojo, pasando por La Meca y Petra, en Jordania, luego por Damasco, Tierra Santa y Alejandría, en Egipto.

Sitios históricos

—Otro sitio histórico interesante para visitar son las ruinas del antiguo puerto de Khor Rori. Foto: Manuel Meyer/dpa


«El incienso volvió rica a la región. Es por eso que durante mucho tiempo se mantuvo su origen en secreto y las rutas comerciales eran bien vigiladas», explicó Ahmed al Awaid.

Desde allí, el incienso era llevado primero a la cercana Ubar, una antigua ciudad de caravanas y punto de inicio del la ruta del incienso. Al parecer, partían desde aquí caravanas de hasta 2.000 camellos con especias, piedras preciosas e incienso.

Además de Ubar, también era un punto de partida de la ruta la histórica Sumhuram. La gran fortaleza de la ciudad costera con el puerto de incienso de Kor Rori fue restaurada en 2014 y es testigo de la importancia que supo tener el incienso en la historia.

Hoy en día, el comercio de incienso sigue siendo, junto al turismo, un importante factor económico de la región de Dhofar. Aquí se producen anualmente 7.000 toneladas que son vendidas en todo el mundo. (dpa)

 

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