Una isla de Vietnam esconde un refugio nudista solo para hombres

En este enclave de Hanoi solo se ve desnudos a hombres, pero son de todas las edades y clases sociales. Las mujeres están vetadas.

Do Duc Hoang, un seguidor del nudismo, disfruta de un momento de tranquilidad y medita sobre un árbol caído a orillas del río Rojo. Foto: Chris Humphrey/dpa [ Ver fotogalería ]

Ficha

El puente de Long Bien es uno de los lugares más fotografiados por los turistas en Hanoi, la capital de Vietnam. Esta construcción de acero, que permite el tráfico de coches y trenes sobre el río Rojo, une el casco antiguo de la ciudad con un barrio en la ribera oeste del río y además ofrece acceso a un islote en el río, que muchos denominan sencillamente «la isla de los Plátanos».

Al llegar a Bai Giua, en nombre oficial de este terreno lleno de vegetación que se alza en medio del río, se puede constatar que los nudistas han conseguido hacerse aquí un refugio. Y eso que se encuentran a poca distancia del centro histórico de la conservadora capital vietnamita, donde ni los enamorados se atreven a besarse en público.

«Quítese toda la ropa», dice un hombre mayor completamente desnudo. No se trata de una orden, sino de una amable invitación. El desnudo no es obligatorio en la isla, es una opción que no se puede encontrar en ningún otro lugar de Vietnam.

Los motociclistas pasan por el puente de Long Bien, una estructura de acero para el tráfico de trenes y automóviles que cruza el Río Rojo. El puente de Long Bien es un motivo fotográfico muy popular entre los turistas. Foto: Chris Humphrey

Este islote de unos siete kilómetros de largo suele inundarse durante la época de las lluvias monzónicas. Esa es una de las razones por la que las autoridades consideran Bai Giua una tierra de nadie: la isla no puede ser urbanizada.

Muchas personas que viven allí en sus barcos o en alguna cabaña se dedican al cultivo de plátanos o verduras y suelen ser indocumentados. La policía ni se asoma y los hombres, que a diario acuden a la isla, pueden estar desnudos a su aire.

En este refugio nudista solo se ve desnudos a hombres, pero son de todas las edades y clases sociales. Y no gusta nada ver a mujeres por allí. «Aquí tan solo hay hombres por ello no hay nada de lo que avergonzarse», asegura uno de los nudistas. De todas formas, agrega, las mujeres vietnamitas no se atreven a ir desnudas, tienen que buscarse su propio refugio.

Los hombres que van a esta isla no suelen hablar de sus profesiones y en raras ocasiones dicen su nombre. Van allí a jugar a bádminton, a levantar pesas, hacen meditación juntos o sencillamente van a nadar.

Un día sin nadar aquí es como estar apartado de tu persona amada, asegura Duong, de 33 años, que explica que cuando nada es como si regresara a su infancia. Cuando no consigue nadar de día, lo hace de noche, cuenta.

Do Duc Hoang disfruta de un baño en el Río Rojo. «Aquí tan solo hay hombres por ello no hay nada de lo que avergonzarse», asegura uno de los nudistas. Foto: Chris Humphrey/dpa

«Somos abiertos entre nosotros», explica Duong. Eso hace que este lugar sea especial en una sociedad en la que imperan unas estrictas convenciones, que a su vez son las que regulan la convivencia.

En algunas culturas del lejano oriente puede que haya espacio para el cuerpo desnudo, como en ritual del onsen japonés, los baños de aguas termales de origen volcánico, o también en las casas de baño tradicionales de Corea del Sur. Pero en Vietnam, un país comunista de partido único, uno no se expone desnudo, al menos en público.

Mientras toma un té verde, Duong disfruta de esta situación extraordinaria en la isla y de estar con gente que piensa como él. La cabaña que se puede ver a su espalda la construyó como refugio para la lluvia, para poder seguir acudiendo a la isla en los largos meses de lluvias intensas en verano (boreal), explica.

Dice que allí se puede incluso dormir. La isla ofrece todo lo que se necesita llevando una vida sencilla y en contacto con la naturaleza, un poco como en la que tienen las minorías étnicas en las montañas del norte del país.

Al parecer, los primeros hombres acudieron a la isla a bañarse hace 40 años, cuando los lagos de la ciudad comenzaron a estar sucios por la contaminación. Y el río Rojo no es que tenga unas aguas especialmente limpias.

Un hombre nada contra la corriente bajo el histórico puente de Long Bien. En este refugio nudista solo se ve desnudos a hombres, pero son de todas las edades y clases sociales. Y no gusta nada ver a mujeres por allí. Foto: Chris Humphrey/dpa

En las riberas se amontona la basura y a su caudal van a parar las aguas residuales de los campos del sur de China, situados cientos de kilómetros más arriba, donde nace el río. Según un informe del Ministerio de Medio Ambiente, también acaban en los ríos y lagos grandes cantidades de aguas residuales sin filtrar.

Pero a estos nadadores nudistas parece importarles poco todo eso. El propio río se filtra continuamente, segura Ahn Du, de 57 años. «Yo nado aquí desde hace diez años. Aquí nadamos para dar la bienvenida al Año Nuevo. Cientos de personas vienen para esa ocasión». Ahn Du asegura que nadie ha enfermado por el agua del río.

Rodeada por la ciudad, donde un centro comercial sucede a otro y el tráfico tapona las calles, la isla de los Plátanos con su espacio para el baño nudista se ha convertido en un lugar donde buscar la tranquilidad.

Además, satisface esa necesidad de naturaleza, sentido de comunidad y liberación. «Como dicen los extranjeros es como si regresáramos a la madre naturaleza», señala Duong. Y mientras mira pensativo al río, agrega: «Pero tienes que nadar para sentirlo».

Por Chris Humphrey (dpa)

 

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