BUENOS AIRES

Restaurantes peronistas, gastronomía con sabor a política

El arte del buen comer cautiva a todos los sentidos, incluso al político.

La figura de cera de Juan Domingo Perón sentado en una mesa del interior del restaurante "Un café con Perón" en Buenos Aires. Crédito: Foto: Gentileza Instituto Juan D Perón / dpa [ Ver fotogalería ]

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El arte del buen comer cautiva a todos los sentidos, ahora también al político, gracias al furor de los restaurantes temáticos peronistas en Buenos Aires. Uno puede sentarse a tomar un café a la mesa con Perón, cenar junto a un altar a Evita o cantar religiosamente cada medianoche “La marcha peronista” luego de saborear un asado, en una serie de locales que afirman además no disputarse mutuamente los clientes.

“El General” (Av. Belgrano 350; http://elgeneralctl.com/) es el restaurante más emblemático en honor al ex presidente argentino Juan Domingo Perón, fundador del movimiento justicialista. Problemas entre sus socios provocaron su quiebra y hace unos tres años años reabrió sus puertas administrado por una cooperativa de trabajadores.

“Es un restaurante del pueblo para el pueblo”, asegura Cristian Peralta, su encargado. “Somos una cooperativa de trabajadores peronistas de alma”, subraya Peralta, quien relata que la gente que visita el lugar “se emociona hasta las lágrimas”.

Luego de atravesar la “Puerta de Hierro”, en honor a la finca madrileña donde Perón vivió en el exilio, el salón muestra sus paredes recubiertas de fotografías, recuerdos y documentos vinculados al líder justicialista fallecido en 1974. La cooperativa trabaja ahora para crear la radio del restaurante y un museo peronista.

La experiencia en el bar-restaurante “Perón Perón” (Angel Carranza 2225) es más intensa. Sorprende desde su frente en el barrio porteño de Palermo con dos fotos enormes de Perón y Evita y el símbolo de la CGT. El cartel del lugar se anuncia pintado sobre un bombo.

“Se convirtió mucho más rápido de lo que yo creía en un fenómeno cultural y social que en un bar, el bar es una excusa”, admite uno de sus dueños, el productor Daniel Narezo. Su objetivo fue “crear un lugar como los viejos cafés de París donde se viniera a conversar cuestiones cruciales para los vecinos de la nación, donde hubiera discusión política pero también artística, cultural y social, donde te pudieras ver la cara”.

“Uno de los ejes del bar fue poner ciertos acertijos, armar un laberinto donde poner en la decoración un montón de mensajes ocultos para que la gente que viene no se aburra. Hay tres o cuatro cosas centrales, una es el altar de Evita en el centro de bar, como los que hacía la gente en sus propias casas. Es un altar mitad sacro y mitad pagano, la gente se acerca, le prende velas, llora, le pide algo”, relata a dpa Narezo señalando las flores de plástico que rodean la imagen de Eva Perón.

También se ve amurado a una de las paredes un reloj donde se marcaba tarjeta de horario de entrada y de salida a las fábricas. “Está parado a las 8:25, la hora en que murió Evita, y tiene puesta una tarjeta del trabajador 001, en honor a Juan Domingo Perón como el primer trabajador”, reseña uno de los dueños del bar.

Por las pantallas del lugar se transmiten de forma constante discursos e imágenes de la historia peronista. Los bombos son en tanto “un símbolo directo de la militancia, esa parte del peronismo que es sudor y carne”.

El menú del lugar es además provocativo. Un mousse de chocolate fue rebautizado como “cabecita negra” (en alusión a la forma despectiva en que las clases altas se referían a los trabajadores, en su mayoría peronistas), mientras que si se opta por algo para acompañar una cerveza, se puede pedir una “tabla de fiambre de Pedro Eugenio”.

“Todo el mundo cree erróneamente que es una especie de homenaje al fusilamiento, a la muerte de Aramburu (el ex presidente de facto secuestrado y asesinado en 1970 por la organización guerrillera Montoneros). La realidad es que yo lo pensé totalmente inverso, como un homenaje a todos los muertos que Aramburu le regaló al peronismo y a la militancia”, aclara Narezo.

En tanto, “Un café con Perón” (Austria 2601) genera emociones profundas. “Cumplí mi sueño de tomar un café con Perón”, escribió una mujer en el libro de visitas. Seguramente, la militante peronista se sentó en la mesa central donde una figura de tamaño natural con los rasgos de Perón está sentada tomando una taza con su mano.

“Es muy grato tomar un café con Perón, evocativo de esperanzas y compromisos. Siempre es una experiencia fundamental recorrer los espacios de la memoria”, expresó por su parte en el libro el director de la Biblioteca Nacional argentina, Horacio González.

El bar forma parte del Instituto Nacional Juan Domingo Perón, que funciona en lo que fueron las casas de los mayordomos de la residencia presidencial en el Palacio Unzué del barrio porteño de Palermo, donde residió Perón entre 1946 y 1955. Allí murió Evita, cuando tenía 33 años en 1952. “Aquellos que nos visiten encontrarán la nostalgia y la carga que el peronismo supo poner a toda obra realizada”, exclama su creador, el legislador Lorenzo Pepe.

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18 Comentarios en “Restaurantes peronistas, gastronomía con sabor a política

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