Baires en bici

Desde Palermo hasta Parque Lezama: plan para pasar un día al aire libre en bicicleta. Detalles por descubrir y las mejores paradas. Fotos

En primavera, Buenos Aires es una de las ciudades más bonitas de América latina para recorrer en bicicleta. Plan para un día incansable al aire libre, desde Palermo hasta Parque Lezama. [ Ver fotogalería ]

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Por Alejandro Grimoldi (*)

En la esquina de Santa Fe y Bullrich, justo al lado del Puente Pacífico, donde está la Estación Palermo del subte línea D y del ferrocarril San Martín, hay un puesto de bicicletas del que sacar una, en forma gratuita, para empezar el recorrido. La idea es hacer un largo trayecto por la ciudad, haciendo paradas para comer, pasear por alguna feria o demorarse en algo divertido.

El primer impulso es dirigirse hacia Libertador por la amplia vereda de Bullrich, pero nosotros marcharemos en dirección contraria: por la arbolada senda de Godoy Cruz hacia arriba, Palermo Soho, para un buen desayuno. Para eso doblamos en Gorriti y buscamos algún lugar al aire libre, quizás desviándonos una cuadra hasta Plaza Serrano, que además del atractivo del espacio abierto tiene el de las artesanías y la ropa de diseñadores independientes.

Hay que tener en cuenta que Palermo es algo caro. En un bolichito coqueto pagamos alrededor de $ 40 por un café con un par de tostadas con huevo revuelto y panceta. Habrá que abaratar un poco el resto de la jornada, así que almorzaremos en Plaza del Congreso. Lejos, y más aún considerando el camino que tomaremos.

La senda sigue por Gorriti hasta Billinghurst, donde, en lugar de cortar camino doblando a la derecha, vamos a la izquierda, en sentido del tránsito. En seguida tomamos Mansilla y salimos a la hermosa Coronel Díaz, en dirección al río. Acá las plazas y las avenidas anchas abren el panorama, y ya a partir de Las Heras la arquitectura cambia: aparecen los edificios más antiguos y señoriales, no tan franceses, algunos con envidiables balcones con barandas de hierro labrado, detalles Art Nouveau que, al menos por esta zona, son escasos.

Llegando al tradicional Café Tabac, en Libertador, la senda se detiene. Pero conviene seguir y deambular por las calles de adentro. Casi no hay tránsito y los árboles dan sombra a embajadas magníficas. Ideal para demorarse, avanzando a paso de hombre. Esta zona es pequeña, pero del otro lado de Figueroa Alcorta, en Barrio Parque, donde el metro cuadrado que puede superar los seis mil dólares, hay muchos más edificios impresionantes.

Se suele citar el Palacio Alcorta, hasta hace poco conocido como el Museo Renault. Adentrándose por el barrio, hay de todo: casas antiguas que parecen castillos, con terrazas almenadas, o, en la rotonda de Ombú, edificios supermodernos que parecen más una nave que un hogar. Es una lástima, que los mapas no detallen las residencias de los famosos, a la Hollywood. En todo caso, puede ser divertido tratar de adivinar cuál es la mansión de Susana Giménez, de Mariano Grondona o de Carlos Bianchi, qué propiedades son de Macri o de Catena, los vinícolas.

El barrio es chico y se recorre pronto, y entonces salimos a la senda de Libertador, que luego sigue camino por Alcorta, toda esto en dirección a Retiro. Una curiosidad: en la plaza Rubén Darío, la primera a la derecha, hay un espejo de agua al que suelen ir modelistas de barcos a motor para navegar sus creaciones, algunas enormes y muy detalladas. Conviene detenerse ahí y quizás en Plaza Francia, pero no en los museos que hay hasta Retiro –Bellas Artes, Palais de Glace, Arquitectura, Nacional Ferroviario–, tomaría demasiado tiempo. En todo caso, visitamos el territorio de Carlos Regazzoni, el famoso artista de la chatarra que vive en un galpón junto al Ferroviario.

Saliendo, hay dos opciones: agarrar Suipacha desviándose hasta Plaza San Martín, o tomarla directo para hacer esas cuadras oscuras y bellísimas. Como sea, una vez en Suipacha el camino atravesará el microcentro hasta avenida de Mayo o Alsina, que tiene senda. A la derecha, cruzando la 9 de Julio, el Congreso. Locales y puestos para comer hay de los dos lados, pero es preferible del lado sur, donde pega el sol. Luego de un almuerzo bien porteño, hay que desandar el camino: bajar en dirección a Puerto Madero.

Entre barcos, puentes y grúas, rodeados de turistas y gimnastas y paseantes domingueros, pedaleamos a uno y otro lado de los diques, observando el cielo, la fauna avícola y humana, y esos edificios nuevos, inverosímiles. El de Juana Manso al 500, Madero Center, es el del poder: ahí tienen departamentos Amado Boudou, la Presidenta, Cristóbal López y otros.

Todavía queda un destino, más al sur: el Parque Lezama. Vamos por la senda de la tranquila Azopardo. Dejamos las bicis en un puesto y vamos al Bar Británico o tomamos algo por la av. Caseros, eje de una nueva movida gastronómica. Devolvemos la bici en algún puesto y volvemos a casa.

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(*) Nota publicada en el suplemento Turismo del Diaro PERFIL el sábado 20 de octubre de 2012

Un comentario en “Baires en bici

  1. Joaquín | 20/10/2012 | 14:55

    Buenos Aires en bici es lo más, los fin de semana andan muy pocos autos y tranquilamente se puede abandonar la bicicenda e ir por calles y avenidas.
    Recomiendo el paseo en bici por la reserva ecológica de la costanera sur, con un descanso mirando el río.
    No recomendable andar por la bicicenda de libertador en la altura de callao, hubo repetidos robos de bici por la zona.

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