En Rumania, tras la huella del Conde Drácula

No se sabe cuánto hay de leyenda, pero el personaje logra seducir y atraer a turistas de todo el mundo.

El Castillo de Bran, en Transilvania, conocido como el "Castillo Drácula", atrae a turistas movidos por su curiosidad por los vampiros. Foto: picture-alliance/dpa [ Ver fotogalería ]

Ficha

Región:

Con quién ir:

Ideal para: ,


Ver mapa más grande

Por Stefan Korshak (dpa)

No se sabe cuánto hay de leyenda, pero lo cierto es que el Conde Drácula ha logrado seducir y atraer a turistas a su país natal. Y los visitantes acuden en masa a la pequeña y bella ciudad de Bran en Transilvania movidos por su curiosidad por los vampiros.

“Mira, Vanya, ¡ahí está!”, exclamó una mujer rusa con pantalones bombacho cuando se apeaba de un coche de alquiler para tomar fotografías. “¡El castillo de Drácula!” Cientos de otros visitantes felices atestaban el centro de Bran en una tarde de temperatura suave, algunos con gorras estampadas con motivos vampirescos, mientras tomaban cervezas en las cafeterías, compraban souvenirs o hacían cola frente al cine en el que proyectaban películas de terror. El negocio marchaba viento en popa. Algunas aceras estaban completamente abarrotadas. Las existencias de los vendedores de helados se agotaban.

Y a nadie, ni a los taxistas, ni a los vendedores, ni a los turistas extranjeros, ni a los estudiantes universitarios de Bucarest que pasan el fin de semana en Bran parece importarles realmente que el histórico Conde Drácula probablemente nunca puso un pie en el castillo que se erige sobre el tumultuoso lugar.

El escritor británico Bram Stoker mencionó la ciudad en su novela de 1897 “Drácula”, pero el histórico conde, un brutal príncipe de Wallachia, llamado Vlad Tepes, en el mejor de los casos sólo pasó por Bran durante sus campañas militares. Los historiadores todavía debaten acerca de si realmente alguna vez pernoctó ahí. Si el pequeño castillo de Bran está vinculado a los vampiros es porque la reina rumana Marie, que residió ahí en 1920, restauró el interior como residencia de caza, y le puso el nombre de “Castillo Drácula” porque era fan de Stoker.

El turista moderno puede visitar la residencia real y tal vez recibir un susto a manos de un trabajador enmascarado. El recorrido turístico dura media hora. “Llegué aquí en 1999. Aquí no había nada sobre Drácula“, dijo el empresario de Bran Janusz Szalinski. “Me figuré que si la gente va a visitar el castillo iba a querer artículos de Drácula“.

Nativo de Boston, Szalinski ha desempeñado un importante papel en ofrecer a los visitantes de Bran -una localidad montañosa típicamente rumana que se diferencia en poco de decenas de otras- cosas para ver y hacer vinculadas con una temática vampírica.

No fue fácil al comienzo“, dijo. “Drácula significa ‘diablo’ en rumano, así que cuando comencé la casa de los horrores, algunos rumanos no lo comprendieron. ¿Estaba gestionando la casa del diablo?“. Las tensiones se aliviaron después de que un sacerdote ortodoxo bendijera el local“, dijo Szalinski.

Tazas decoradas con motivos vampíricos y otros souvenirs esperan a compradores que visitan el Castillo de Bran. Foto: picture-alliance/dpa

 

Ahora Bran cuenta con un teatro con varias salas en el que se proyectan películas de terror, una concurrida zona peatonal y un centro comercial repleto de marketing de Drácula y conciertos góticos de rock en verano.

Otros empresarios rumanos ahora ofrecen el paquete de visita Drácula, una expedición de siete días en autobús a tres castillos, dos ciudadelas, un hotel con temática de Drácula, dos cenas medievales y una comida en una casa en la que supuestamente habitó el famoso conde.

El tour que cuesta 1.700 dólares, incluye también un té con descendientes de los Tepes, una ejecución vampírica interpretada por una mujer en túnica negra, y una fiesta de disfraces de media noche en la que los turistas exhiben sus trajes más fantasmagóricos.

Durante los traslados en autobús por los bucólicos paisajes de Transilvania, los viajeros pueden ver películas de terror o jugar a juegos como el “terror trivial”. Un manojo de ajos es gratis, y hacerse un tatuaje de Drácula está en oferta, de acuerdo con el material promocional proporcionado por la compañía Draculatour.

También es posible hacer la ruta especial de 12 días Halloween Drácula. Pero Drácula es sólo una pequeña parte de la industria del turismo en Rumania, un sector que genera 9.000 millones de dólares, lo que equivale a un 5,6 por ciento del Pib rumano. Uno de cada diez turistas procede del exterior, según el Ministerio rumano de Turismo.

El actual volumen podría ser un 50 por ciento superior, ya que muchos hoteles y servicios para turistas en Rumania a menudo no se dan a conocer al gobierno, señalan profesionales de la industria. La mayor fuente de ingresos son sin embargo rumanos que visitan destinos más convencionales: las Iglesias de madera incluidas en las listas de la UNESCO en la provincia de Maramures, la biosfera del Delta del Danubio y la montaña de Bucegi.

Algunos rumanos critican que se utilice a Drácula como atracción turística. “Desvía a los turistas en nuestro país de áreas que necesitan desarrollo“, dijo Teofil Vanciuc, un guía turístico de la provincia rural de Maramures. “Necesitamos mejores carreteras, y ríos limpios…no autobuses llenos de turistas extranjeros interesados únicamente en vampiros“.

Pero otros dicen que el conde es justo lo que necesita Rumania para que los visitantes acudan al castillo. “Drácula es la única cosa que el mundo conoce sobre Rumania“, dijo Szalinski. “Pero cuando la gente llega aquí descubre que ahí fuera hay mucho más que vampiros”.

3 Comentarios en “En Rumania, tras la huella del Conde Drácula

  1. Pingback: Rumania no muerde | Turismo

  2. Pingback: Temor, temblor y placer | Turismo

  3. Pingback: Se vende el “Castillo de Drácula” | Turismo

Deja un comentario