KOLASIN / MONTENEGRO

Adrenalina en el mayor cañón de Europa

Descender por las aguas turquesa del río Tara es “cosa sólo de profesionales y adictos a la adrenalina”. Fotos

Justo detrás de Splaviste los arcos del puente de Tara se extienden a lo largo del cañón más profundo de Europa. Foto: Nationale Tourismusorganisation Montenegro/dpa [ Ver fotogalería ]

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Por Patricia Schlosser (dpa)

Las aguas turquesa del río Tara discurren a lo largo de 140 kilómetros por las pintorescas montañas de Montenegro, que albergan el cañón más profundo de Europa. Y la mejor forma de conocerlo es haciendo rafting.

“¡A la derecha, a la derecha! Eso es, ahora todos juntos”, grita el guía Nenad Neso en una mezcla de serbocroata e inglés, mientras intenta enderezar el bote por las incontrolables aguas del cañón, que tiene una longitud de 82 kilómetros y en su punto más hondo mide 1.300 metros.

Justo ahí, cerca de la costa croata, el río Tara corta las montañas como un cuchillo, convirtiendo a cañón en el segundo más profundo del mundo después del Gran Cañón de Estados Unidos. Una y otra vez, el agua arroja al aire el bote, que se precipita de nuevo a la superficie dejando a sus ocupantes empapados.

Todo el mundo continúa remando, asegurándose de que sus pies siguen firmemente sujetos a las correas para no perder el equilibrio. Por suerte, los rápidos se superan con velocidad y pronto el río regresa a la calma, lo que permite darse un respiro.

Los participantes en el tour -todo hombres- van equipados con trajes de neopreno, cascos rojos protectores y chalecos salvavidas. La salida se sitúa en el pueblo de montaña Kolasin, y la experiencia comprende tres días de rafting atravesando Montenegro hasta la vecina Bosnia Herzegovina.

El río Tara se sitúa entre las montañas de Bjelasnica, Sinjajevina, Ljubisnja y Durmitor. Emerge de la confluencia de los ríos Opasnica y Verusa, cerca de la frontera con Albania, y discurre serpenteando por valles y bosques salvajes antes de mezclar sus aguas con las del río Piva, en la frontera con Bosnia. Apenas existe alguna abrupta ruta hacia la orilla del río, por lo que prácticamente sólo puede explorarse en bote.

La mayoría de agencias de viaje montenegrinas ofrecen la oportunidad de descender el Tara haciendo rafting en paquetes de uno, dos o tres días. El negocio florece en las pedregosas riveras de Splaviste, donde la mayoría de aventureros inician el tour.

“Todo el mundo echa una mano”, dice Miki, que lleva 13 años organizando este tipo de actividades. “Los primeros kilómetros tienen un montón de rápidos y rocas, por lo que se necesita remar mucho”, añade. Luego, el cañón se calma y se ensancha antes de volver a ponerse peligroso en los últimos 15 kilómetros previos a la frontera con Bosnia.

Según Miki, los principiantes pueden hacer rafting en verano, pero en primavera y otoño, descender el Tara es “cosa sólo de profesionales y adictos a la adrenalina”. En esas épocas del año, el deshielo y las copiosas lluvias son las causantes de los turbulentos rápidos del Tara, y propician el momento perfecto para que Miki entrene a su equipo.

Los montenegrinos llaman a su país “Crna Gora”, que significa literalmente Montenegro. Sus elevadas cumbres están cuajadas de nieve, mientras que más abajo, las faldas de la montaña están cubiertas de frondosos bosques. El olor de carne asada envuelve el aire de la montaña, pero de vez en cuando también asalta el olor a plástico quemado, pues por desgracia, en todo el país es muy común tirar la basura en cualquier parte.

Por eso, las autoridades están trabajando duro para poner fin al problema. Montenegro, que no se convirtió en Estado independiente hasta 2006, aspira a situarse a la cabeza de las naciones más ecológicas del mundo y su Constitución contempla la protección del medio ambiente y sus habitantes autóctonos. “Convertir nuestro país en un destino del turismo ecológico es el futuro de Montenegro”, afirma Miki.

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