Un viaje a Filipinas entre arrozales y ataúdes colgantes

El viaje aventurero a través de pasos de montaña, bosques, gargantas y cascadas vale la pena.

La vista panorámica desde la angosta carretera de montaña entre Sagada y Banaue es espectacular: abajo discurre un río impetuoso sobre el que se balancea un puente colgante. Foto: dpa [ Ver fotogalería ]

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Por Bernd Kubisch (dpa)

Quien quiere ver los ataúdes colgantes en las montañas de Sagada necesita tener  paciencia. Desde la capital de Filipinas, Manila, el viaje de 420 kilómetros en autobús lleva 12 horas; desde Vigán, en el oeste, se puede cubrir en nueve o diez horas la distancia de unos 250 kilómetros. Las carreteras de montaña son empinadas, angostas y muchas veces no están asfaltadas. No obstante, el viaje aventurero a través de pasos de montaña, bosques, gargantas y cascadas vale la pena.

Junto a las entradas a las cuevas, cerca de la pequeña ciudad de Sagada, hay ataúdes de madera apilados. Encima de varios de ellos hay calaveras. A través de la madera podrida asoman esqueletos. También hay ataúdes colgados en lo alto de un acantilado. El pueblo montañés de los igorotes creía que las almas de los muertos se asfixian bajo tierra, y muchos de ellos todavía lo creen. Actualmente, sin embargo, los muertos también yacen en un cementerio normal, situado cerca de la escuela y la iglesia. Las excursiones hacia el cementerio colgante y las cascadas pasan por tupidos bosques con altos helechos, raíces aéreas y heliconias, y junto a pendientes con pequeñas terrazas de arroz.

La principal atracción de Luzón, las terrazas de arroz próximas a Banaue, se encuentran a sólo unas tres horas en coche. Es más cómodo viajar en autobús, por muy viejo que sea, que en el jeepney, el medio de transporte público más popular de Filipinas y uno de  los objetos más fotografiados en el país. El jeepney es una combinación entre autobús y jeep, construido para la estatura de los filipinos, es decir, entre los 1,50 y 1,70 metros. El vehículo se pone en marcha cuando está repleto y los pasajeros se apretujan.

La vista panorámica desde la angosta carretera de montaña entre Sagada y Banaue es espectacular: abajo discurre un río impetuoso sobre el que se balancea un puente colgante. Escolares vestidos con uniformes blanquiverdes saludan con la mano. El verde más intenso corresponde a los arrozales. Los terrenos con puntos de un color verde pálido son terrazas de col. También se cultivan en condiciones difíciles maíz, cebolla y frijoles. Unas manchas blancas resultan ser lirios. El panorama se completa con bosques nublados, pinares, helechos gigantes, plátanos y cascadas.

Los pueblos que viven en las cordilleras de Banaue son constructores y arquitectos con mucho talento artístico, desarrollado durante más de 2.000 años. Con un arduo trabajo manual también han arrancado campos de cultivo a pendientes extremadamente empinadas. Desde hace generaciones vienen construyendo a una altura de unos 1.300 metros obras artísticas apoyadas por pequeños muros de rocas y adobe que serpentean como pequeñas terrazas curvadas hacia arriba. No es de extrañar que las terrazas de arroz en cinco pueblos de los alrededores fuesen declarados por la Unesco patrimonio cultural de la humanidad.

Las terrazas de arroz más impresionantes son las de Batad, situadas a tres horas andando de Banaue, aunque la distancia sólo es de pocos kilómetros. Aquí, las pequeñas parcelas cultivadas están pegadas a unas pendientes muy empinadas. Dan la impresión de formar un anfiteatro. Aparte de un par de posadas que se han construido allí, la vida sigue siendo muy natural.

Muchos, al pensar en Filipinas, quizás recuerden todavía el tifón “Haiyan”, que causó miles de muertos el pasado mes de noviembre. El fenómeno afectó sobre todo a la región oriental en torno a Tacloban pero pasó al sur de la isla de Luzón.

En el camino hacia el sur, con dirección a Manila, se alza al oeste el volcán Pinatubo, que tiene una altura de 1.445 metros. En 1991, una erupción del volcán, situado cerca de Angeles City, conocida por sus locales de esparcimiento, y de la antigua base militar estadounidense Clark, causó la muerte de casi 900 personas. Aunque la población local desaconseja nadar en el lago del cráter, muchos turistas cuelgan orgullosos en Internet las fotos que sacaron cuando estaban bañándose en el agua verde azulado del lago.

La capital filipina, Manila, es una bulliciosa urbe de 12 millones de habitantes, llena de edificios altos, bancos y centros comerciales pero también de barrios marginales y vertederos. Sin embargo, la metrópoli, rodeada de paisajes volcánicos, bosques tropicales y bañada por el mar de la China Meridional, fascina también por sus murallas históricas, su paseo marítimo, las innumerables galerías, los conciertos de música clásica y las discotecas. Un centro comercial como Greenbelt, con sus más de 300 comercios y restaurantes, invita a pasear y a relajarse. Músicos tocan canciones entre palmeras, plantas tropicales, fuentes y bancos.

Cerca de Donsol hay una zona de aguas protegidas donde se sienten a gusto los tiburones ballena. Estos gigantes inofensivos, que se alimentan de plancton y pequeños animales, pueden alcanzar un peso de hasta 12 toneladas. Los tiburones ballena suelen estar en estas aguas entre febrero y junio. Para los que practican el submarinismo, la mejor época para avistar los animales son los meses de marzo y abril. Hay numerosas escuelas de buceo que ofrecen aventuras subacuáticas, incluyendo el avistamiento de mantarrayas gigantes. La forma más fácil de llegar allí es viajando en avión de Manila a Legaspi y desde allí en coche a Donsol.

Se recomienda reservar con antelación, porque algunos barcos y excursiones tienen un acceso limitado. Donsol era hasta hace 15 años un aburrido pueblo de pescadores, hasta que el video de un buceador local llegó a la prensa nacional y después también a otros países. Actualmente, la región es un imán para el turismo.

DATA. Luzón es la mayor de las 7.107 islas filipinas, tiene una superficie similar a la de Cuba y poco más de 30 millones de habitantes, de los que 12 millones viven en Manila, la capital. Las cordilleras en el norte de la isla, con picos de hasta 2.922 metros de altura,  están cubiertas en gran parte de selva húmeda. Al sur de las cordilleras hay extensas llanuras, sierras y volcanes. Cuándo viajar: una buena época para viajar a Luzón es de mediados de octubre a mayo. Los meses de junio hasta septiembre son muy calurosos, bochornosos y lluviosos. Alojamiento: también los hoteles de cuatro y cinco estrellas son generalmente más baratos que en Europa. Muchos hoteles en la isla bajan los precios de junio a octubre. Los viajes en autobús y taxi, así como los vuelos domésticos no son caros. También son baratos los mercados y los souvenirs.

2 Comentarios en “Un viaje a Filipinas entre arrozales y ataúdes colgantes

  1. Luis | 01/04/2014 | 8:50

    Fontevechia, en lugar de escribir las gansadas que escribís revisá los títulos. El de esta nota no podría haber estado peor de haber sido escrito a propósito.

  2. Se quedaron cortos, no han hecho mucho en sistemas de conservacion de aguas para abastecer las ciudades creadas o por crear. O me equivoco

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