Iemanjá, la diosa del mar atrae fieles y turistas en toda Latinoamérica

El 2 de febrero, miles de creyentes acuden a las playas a rendirle homenaje a Iemanjá, la diosa del mar. Cuba, Brasil y Uruguay son las mecas de este culto que atrae cada vez a más turistas.

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Por Darío Silva D’Andrea (Twitter: @dariosilvad)

 

El segundo día del segundo mes del año es una de las fechas más esperadas por miles de personas en toda América Latina. Ese día, al atardecer, miles de personas se acercan a orillas del mar para entregar sus ofrendas a la deidad afroamericana del mar. Iemanjá, la “orishá” (diosa) que llegó del África con los esclavos negros traídos a América por los colonizadores europeos, reúne a cientos de miles en Brasil, Uruguay y Cuba en torno a las aguas donde la diosa habita. No se trata de la única diosa del umbandismo, la religión que trajeron los africanos, pero sí de la más popular.

Van a agradecerle por los dones recibidos y a pedirle bendiciones para el año que acaba de comenzar y la fecha coincide con la celebración de la Virgen de la Candelaria en Uruguay o la de la Virgen de la Regla en Cuba, ya que la única manera que tenía la comunidad afro de mantener sus tradiciones sin ser castigados era hacerlo en sintonía con las festividades católicas.

Según explicó el “pae” Daniel Méndez de Oxalá, secretario de la Federación Afroumbandista del Uruguay, durante décadas los cultos afro estuvieron “escondidos” detrás del catolicismo porque quienes los practicaban llegaron a América como esclavos. Para mantener viva su memoria religiosa los esclavos escondían un orishá detrás de los santos católicos. Cuando hablaban de algún santo católico en realidad estaban rindiendo culto a sus propias deidades. Por este motivo las fechas también están vinculadas a las celebraciones católicas.

Desde el siglo XIX, Iemanjá ha sido venerada y temida por sus creyentes, y hoy es igualmente admirada por los turistas, que acuden a las costas a contemplar el ritual de ofrenda y culto.

Destinataria de ofrendas de flores, velas, miel, frutas, y jugos, Iemanjá es considerada la madre de todos los hijos en la Tierra por sus fieles, en su mayoría practicantes de la religión umbandista, proveniente del África. Pero Iemanjá también tiene fama de ser vanidosa, por lo que muchos fieles también le envían al mar productos de bijuterie, espejos, jabones, perfumes e incluso perlas.

Sin embargo, ya que es un homenaje a la diosa de la Naturaleza, en los últimos años las autoridades del culto hacen incapié a sus fieles en que los productos que forman parte de la ofrenda sean biodegradables para evitar que el mar, hogar ancestral de Iemanjá, sea contaminado.

En Cuba, en medio de un éxito sin precedentes de su industria turística, el culto a la diosa es uno de los atractivos por su “religiosidad”. Allí a la orishá se la llama “Yemayá” y domina muchos de los ritos afrocubanos en “El Callejón de Hammel” situado en el barrio de Centro Habana, donde se puede ver el primer mural callejero dedicado a esa cultura. En el lugar pueden encontrarse objetos asociados a esos ritos afrocubanos y allí suelen celebrarse danzas y espectáculos en los que participan los vecinos del barrio.

Foto: Pixabay

En Montevideo (Uruguay), mientras tanto, los creyentes peregrinan hasta la playa Ramírez para dejar sus ofrendas, unas pequeñas barcazas con imágenes de Iemanjá, frutas, flores, perfumes y velas, en una fiesta convertida de religiosa a popular. Frente a esta playa fue construida hace algunos años una gran estatua de la diosa del Mar y por la noche se convierte en un espectáculo visual atractivo debido a los innumerables pozos en la arena en los que miles colocan velas antes de entrar al mar para pedir por trabajo, salud y amor, principalmente. Muchos hacen filas para recibir la bendición y “curación” de los sacerdotes.

La sacerdotisa (“mae”) del culto a Iemanjá en Uruguay, la diputada Susana Andrade, ordenó a sus fieles combinar las tradiciones con la limpieza de las playas, donde las autoridades de Montevideo recogen 10 toneladas diarias de basura: “Nosotros decimos que se entregue yuyos frescos, flores, que se entreguen comidas, que no se dejen los envases. Que se lleve algo para depositar los envases y después tirarlos en donde están los residuos“, comentó Andrade. “Entregamos nuestra devoción en forma de ofrenda, es nuestra fe. Para nosotros no son deshechos, son elementos valiosos (…) pero queremos dar ejemplo“.

La celebración anual en el país vecino registra un crecimiento progresivo de visitantes y también es un gran impulso comercial para las “santerías”, que venden velas, perfumes, flores, joyas económicas, estatuas y barcas para depositar las ofrendas en el mar. Las prendas de rigor para los ritos son de colores celeste y blanco. Se trata de una fiesta tan importante para miles de uruguayos que la mae Andrade, diputada del Frente Amplio, partido al que pertenecen el expresidente Mujica y el actual mandatario Tabaré Vázquez, pidió declarar feriado nacional el 2 de febrero.

Ese mismo día se celebra a la “rainha” del Mar en el barrio Rio Vermelho de San Salvador de Bahía (Brasil). Fue en ese barrio de pescadores donde surgió el culto a la diosa de las aguas y los historiadores estiman que la tradición de alabar a la patrona de los pescadores -también conocida como Ináe, Marabó y Janaína, entre otros nombres- se formó a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX.

Al atardecer, la playa de Bahía, que usualmente está repleta de sombrillas, personas tomando sol y jugando al voley, es transformada literalmente en un templo, en suelo sagrado. Miles de brasileños, practicantes de las religiones umbanda y candomblé, pero también innumerables turistas, curiosos y místicos, vestidos de blanco impoluto y azul marino, se acercan hasta las playas del barrio de Río Vermeljo para entregar sus ofrendas en forma de flores.

Al caer el sol, el ambiente se inunda con sonidos de tambores y músicas con reminiscencias africanas, cantadas a veces en portugués, otras en español y ocasionalmente en alguna lengua traída por los esclavos. En ahí cuando se lanzan a las aguas y se dejan envolver por las suaves caricias de Iemanjá. Algunos se bañan, como los hindúes en el Ganges, otros nadan, rezan y agradecen. Otros, en su mayoría enamorados, se dejan llevar, invitados por la sensualidad de las olas.

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