Tres días en Dresde, la “Florencia del Norte”

Tras sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial y el comunismo, la capital de Sajonia es una de las ciudades más ricas de Alemania. Fotos.

Olvidando los fantasmas de la Segunda Guerra Mundial, la “Florencia del Norte” vibra con nuevas propuestas y sus tesoros arquitectónicos de siempre. Foto: Cedoc Perfil [ Ver fotogalería ]

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Por Racher Doyle (*)

Dresde, la ciudad alemana cuyo nombre evoca una historia de destrucción, se está viendo más y más como era antes de la Segunda Guerra Mundial. Aproximadamente a medio camino entre Berlín y Praga, la capital de Sajonia ha restaurado buena parte de los principales tesoros arquitectónicos dañados por el bombardeo de los Aliados: el Palacio  Zwinger, el Frauenkirche y el Semperoper. Sin embargo, mientras el casco viejo, o Altstadt, estaba ocupado haciendo retroceder las agujas del tiempo, el Neustadt, del otro lado del río Elba, miraba hacia delante.

El barrio de Aussere Neustadt (Nueva Ciudad Exterior) ahora está lleno de bares nuevos y negocios que atienden a una generación más joven que no recuerda los días bajo el comunismo, mucho menos la guerra. En el corazón de este distrito artístico encontrará encantos como el complejo Kunsthofpassage, que alberga un ingenioso edificio color turquesa que ha modificado sus desagües, en forma de instrumentos musicales, para que toquen ‘’música de agua’’ cuando llueve. Lo viejo y lo nuevo convergen sin fricción en el Museo de Historia Militar, reconcebido por Daniel Libeskind en 2011. Con su énfasis en las causas y corolarios de la guerra y la violencia, representa una cruda revaloración contemporánea del pasado.

1° DÍA. BRÚJULA AL ELBA

Aunque gran parte de Dresde se ha reciclado, el impactante panorama de los edificios barrocos sobre el Elba provee evidencia de por qué la ciudad alguna vez fue conocida como “La Florencia del Norte’’ antes de la guerra.

Las mejores vistas pueden encontrarse en Brühlsche Terrasse, un elevado paseo ribereño localizado en la margen norte del Altstadt. Después de una caminata, se puede ir a Albertinum, un museo de arte moderno que volvió a funcionar en 2010, cuya colección abarca desde Caspar David Friedrich, el pintor romántico alemán más destacado, a Gerhard Richter, el artista vivo más famoso.

Después, regrese a la época en que las mujeres usaban pieles y sombreros de plumas en el grandioso Semperoper, donde Richard Strauss y Richard Wagner estrenaron muchas de sus obras. La reverenciada ópera, ballet y sala de conciertos tiene una dramática historia: inaugurada en 1841, fue destruida por el fuego en 1869, bombardeada en 1945, triunfantemente reinaugurada en 1985 por la República Democrática Alemana (Alemania Oriental) y después trabajosamente restaurada luego de una inundación en 2002. Tiene una acústica soberbia, asientos de terciopelo rojo y un público que se viste de gala para presentaciones de óperas tradicionales.

Kastenmeiers im Kurlander Palais, un moderno restaurante de mariscos situado en un palacio rococó reconstruido, es de lejos la opción más  elegante en el centro urbano. Lo primero que se ve al entrar es una cocina abierta detrás de un largo acuario lleno de tiburones, peces y langostas. Allí puede probar esturión con crema de caviar de salmón (25 euros) o risotto de langosta (28 euros).

2º DÍA. LA GUERRA Y LA PAZ

Luego de proveerse de un café y una magdalena en Cafe Combo, puede maravillarse con la transformación que hizo Daniel Libeskind en el Museo de Historia Militar, uno de los mayores y más atrevidos del país. El  espacio de exhibición ofrece dos experiencias: una es la historia cronológica de la guerra alemana, con énfasis en el siglo XX, mientras que la otra –situada en una cuña de cinco pisos de acero y vidrio que Libeskind insertó en el edificio de 1870– aborda los efectos sociales de la guerra y presentaciones de cómo fueron explotados los animales durante la batalla.

Al mediodía, deguste un abundante almuerzo sajón en Watkze Ball & Brauhaus, con sus 114 años de antigüedad frente al río. ¿Las especialidades? Cuello de cerdo en salsa de cerveza con gulash de champignones y excelentes cervezas oriundas de la casa. En busca de arte clásico, vaya a Gemaldegalerie Alte Meister, donde se exhiben piezas maestras como Sistine Madonna, de Rafael; Dresde Altar, de Alberto Durero; y la colección de pinturas más importante de los dos Lucas Cranachs, padre e hijo.

El eje contracultural de Dresde, Aussere Neustadt, que en gran parte se salvó del bombardeo, es un tesoro de casas patricias del siglo XIX, bares, cafeterías y tiendas modernas. Haga una imperdible parada en Pfunds Molkerei, una tienda de productos lácteos de 132 años de antigüedad cubierta de azulejos pintados a mano con motivos de vacas y ángeles que llevan herramientas para ordeñar. A la noche, para tragos y música en una asombrosa atmósfera de la República Democrática Alemana, vaya a Ost-pol, donde aún corre el año 1968, el esquema de colores es amarillo y naranja y todas las cervezas vienen de países que solían formar parte del bloque comunista.

3º DÍA. CEPA GERMANA

Saboree un desayuno-almuerzo en una fábrica de autos en Lesage, un restaurante fino situado en la eco-amigable Fábrica Transparente de Volkswagen. El desayuno almuerzo dominical (33 euros) consiste en un buffet frío y caliente, música de piano en vivo y un recorrido por la fábrica en la que se ensamblan a mano sedanes Phaeton.

En la era comunista, los ciudadanos podían cambiar una botella de vino espumoso Schloss Wackerbarth por refacciones de autos y aparatos de cocina. Ahora, el viñedo histórico abre al público todos los domingos su castillo barroco. Desde el mediodía parten recorridos con degustaciones. Después, acomódese en su restaurante sajónmediterráneo para comer delicias como pez espada y lasaña de espárragos, acompañado de una copa de Riesling de la casa.

DATA

  • Coordenadas: Dresde, capital del estado de Sajonia, está emplazada en el centro del continente europeo, a 193 kilómetros de Berlín.
  • La mejor ruta: los vuelos a Dresde desde Buenos Aires con escala en alguna ciudad alemana que puede ser Frankfurt o Munich, se consiguen desde $ 5.650.
  • Alojamiento: Innside by Melia Dresde ofrece 180 habitaciones y suites bien diseñadas en el centro del Altstadt, desde US$ 108. El costero Maritim Hotel Dresde es un establecimiento clásico de 328 habitaciones y suites, con tarifas desde US$ 125. Rothenburger Hof, desde US$ 98 con desayuno, es un acogedor hotel operado por una familia en Aussere Neustadt.

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(*) The New York Times/Travel. Nota publicada en el Diario PERFIL el sábado 27 de abril de 2013.

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