CÓRDOBA

Río Ceballos: siempre de temporada

En pleno corazón de las Sierras Chicas cordobesas, brinda numerosas alternativas todo el año.

Una de las tantas cascadas, el Salto La Estancita: con ollas naturales y playas de arena para disfrutar. [ Ver fotogalería ]

Ficha

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De día emigran a las sierras, espejos de agua y cascadas cercanas, y por la tarde-noche los visitantes retornan para que las calles vuelvan a tener vida con sus comercios, variada gastronomía y la concurrida feria de artesanos en la plaza “Km 0”, con fuentes de agua y espectáculos en su anfiteatro griego. En temporada alta es una constante en Río Ceballos, siempre acompañado de un interesante movimiento y numerosas opciones para disfrutar.

Una villa turística de casi 20.000 habitantes, ubicada en el corazón de las Sierras Chicas cordobesas y a escasa distancia de la ciudad capital. Sin fecha fundacional ni trazado urbano, aflora con la llegada de los conquistadores y crece espontáneamente.

“Esta es la avenida San Martín –señala Marian Gardiol, coordinadora de nuestro viaje– y es la vía principal de la ciudad. Va de punta a punta, y en un extremo conduce hasta el bellísimo dique La Quebrada”.

A orillas del dique. Hasta aquí llegamos para visitar esta reserva hídrica natural de 4.200 hectáreas, donde las laderas serranas caen hacia un gran lago en el que se practican deportes náuticos sin motor, pesca y curiosas excursiones de buceo que llevan hasta una “casa sumergida” que quedó en las profundidades cuando se construyó el dique. Playitas, montecitos de árboles, miradores naturales y áreas para acampar se alistan entre las alternativas que brinda el paisaje.

Tienta cruzar el imponente paredón del embalse, sea caminando o en algún vehículo. Desde arriba se ve, allá, bien abajo, el cauce del río que sigue su marcha hacia el pueblo. La represa además es el punto de partida para el trekking hacia las cascadas Los Hornillos y Los Cóndores, una travesía que demanda alrededor de dos horas entre bosques de molles y placenteros arroyos un módico arancel por cada captura.

Aquí conocimos a Patricia Diacinti, guía de turismo y, según dicen, una de las personas que más sabe de Ceballos. “Hay otro sitio que no puede faltar durante la estadía –comenta– y es la Quebrada del Tello.” Junto al contingente que ella lidera, nos sumamos al grupo para retornar a la avenida San Martín (altura 8700) porque allí nace una senda peatonal de muy fácil acceso que trepa hasta el destino tras media hora de caminata.

A medida que avanzamos, Patricia oficia de verdadera baqueana y aporta además interesantes datos de los atractivos y de la historia de la ciudad. En un claro llegamos a una bonita cascada de escasos tres metros de altura. Sus laterales rocosos permiten escalar fácilmente, y hacia allí fuimos para llegar al “Baño del Indio”, grieta rocosa que semeja una bañera natural, bien apta para buenos chapuzones.

Río Ceballos cuenta con complejos de bungalows, cabañas y hoteles, la mayoría con piletas para disfrutar aún más la temporada. Bicis y cuatris son una constante para recorrer la villa, que ofrece siempre un entorno de tranquilidad y ambiente familiar. El río Ceballos cruza una y otra vez la avenida principal debajo de pintorescos puentes.

En la zona céntrica resalta su blanca y antiquísma capilla. Y en las cercanías se encuentran las grutas de Itatí y de Santa Teresita. Para quienes deseen tentarse con típicas comidas, la tradicional casa Kupferkessel deleita con exquisitos platos de la cocina centroeuropea de la mano de su anfitriona, Ursula Fischer, y su hija Constanza; o el Ristorante Sole Luna a cargo de Marysol Lasalle y Piergiorgio Ortu, auténtico chef italiano, invitando a degustar variadas pastas, mariscos, carnes y pescados: verdaderos “bocatos di cardinale”.

Formando el mismo complejo se encuentran las cabañas Sole Luna, sitio ideal para quienes deseen alojarse en modernas unidades para 2 a 6 personas, totalmente equipadas, cocheras y pileta. “Aprovechamos el terreno de suave pendiente –comenta Analía Lasalle, dueña del lugar– para edificar las cabañas en distintos niveles”. Y ciertamente, todo parquizado y con escalinatas de madera, ha quedado en su conjunto un bonito emprendimiento turístico.

Desde la zona céntrica y hacia el cerro Ulloque, un sendero llega hasta “ciertos fenómenos extraños” que por mucho tiempo se atribuían a seres extraterrestres. Con la intención de conocer tales vestigios partimos en una caminata de dos horas. Mientras avanzamos, la flora se vuelve más tupida y por momentos, en algunos claros, se aprecian agradables vistas de la ciudad.

Enigma serrano. Estamos a 800 metros de altitud y las rocas graníticas ganan presencia en el terreno. Y allí están, sobre el mismo suelo rocoso, unos llamativos huecos erosionados por el paso de los años. Por su semejanza a profundas huellas de suelas, se los denomina “Las Pisaditas”, y en verdad, no son otra cosa que formaciones geológicas naturales, las que tal vez hayan sido también un altar sagrado de nuestros ancestros indígenas donde honraban a la divinidad ante un entorno que se rozaba con las aves, la brisa y el cielo.

Cerramos nuestra visita cruzando las Sierras Chicas por el camino de El Cuadrado hasta La Falda. Trepando laderas, la traza invita a detenernos en distintos miradores naturales, adquirir embutidos, dulces en los puestos regionales, y desviarse por la corta senda que lleva al salto de agua La Estancita, que cae desde 12 metros a una olla natural donde es posible bañarse o descansar en sus orillas de suave arena. Un magnífico marco natural rodeado de profusa vegetación y el encanto de sierras colmadas de variados verdes donde todo parece más fascinante.

Texto y fotos: Marcelo Ruggieri. Publicado en revista Weekend.

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