Por Christoph Driessen (dpa)

Richmond, el pulmón verde de Londres

Cuando a David Attenborough le preguntaron cuál es el lugar más bonito de la Tierra, dijo sorpresivamente: “Richmond, con diferencia”.

Richmond es indiscutiblemente un sitio donde uno puede sentirse a gusto. Foto: dpa [ Ver fotogalería ]

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Seguramente, la respuesta de Attenborough, de 87 años, se explica, al menos en parte, por el hecho de que él mismo vive en Richmond, al igual que muchos familiares y amigos suyos. No todo el mundo estará de acuerdo con que Richmond sea el lugar más bonito del mundo. Sin embargo, Richmond es indiscutiblemente un sitio donde uno puede sentirse a gusto. En ningún otro lugar del Reino Unido hay tanta gente longeva como en Richmond.

Aunque Richmond está pegado a la District Line, la línea verde en el plano del metro londinense, uno tiene la sensación de estar ya en el campo. Richmond upon Thames, el nombre completo de este distrito londinense, está situado en un encantador paisaje de vegas. Resulta difícil creer que la amena corriente sinuosa de agua es la misma que, 20 kilómetros más adelante, en el centro de Londres, crece hasta convertirse en un río respetable. El valle del Támesis ha sido desde hace siglos un motivo favorito de los paisajistas. Algunos de los cuadros más famosos fueron pintados por William Turner.

Según el escritor Walter Scott, autor de “Ivanhoe”, el Támesis “está coronado aquí por villas con torrecitas, cubierto por bosques con guirnaldas y adornado con barcas”. Esta descripción data de 1818 pero hoy sigue siendo exactamente igual. Richmond se convirtió en 1902 en el primer paisaje panorámico que el Parlamento británico declaró por ley área natural protegida.

Desde entonces no está permitido cambiar nada esencial del paisaje. Una de las excursiones de verano más populares entre los londinenses es hacer un viaje en barco de Westminster a Richmond y luego sentarse un par de horas al sol a orillas del río, tomar té, comer pastel de zanahoria y volver otra vez en barco a casa en medio de la cálida luz de la tarde. Cisnes van pasando por el agua como a cámara lenta. Muchísimos londinenses sueñan con mudarse algún día de la asfixiante metrópoli a Richmond.

Para la inmensa mayoría de los habitantes de la capital, es un sueño que nunca se hará realidad, porque este suburbio de Londres no sólo es uno de los lugares más bonitos de la ciudad sino también uno de los más caros. Las casas de ladrillos en la cima de Richmond Hill, las villas pintadas de blanco con sus atracaderos y las mansiones parecidas a castillos con sus numerosas torres y saledizos pertenecen a famosos como Mick Jagger, Daniel Craig y Keira Knightley.

El distrito de Richmond cuenta con tres grandes atracciones turísticas. La primera es sobre todo interesante para los londinenses estresados que quieren descansar un rato: el Parque Richmond, la mayor superficie no urbanizada de la metrópoli, donde incluso hay venados en libertad.La segunda atracción es Hampton Court, mitad fortaleza de defensa, mitad elegante castillo barroco. El turista no debe dejar de visitar la cocina renacentista más grande que se ha conservado, donde en tiempos del rey Enrique VIII se podían hornear al mismo tiempo más de 600 pasteles de manzana.

La tercera y mayor atracción de Richmond son los Jardines Reales Botánicos, conocidos como Kew Gardens, con sus palacios de cristal, donde se tiene la impresión de que Inglaterra guarda una pequeña parte de su antigua colonia la India. Nada más abrir la puerta uno se encuentra en otra zona climática. El visitante se siente impregnado por un calor húmedo y el aroma de flores. Sólo el ruido del sistema de aspersión automática indica que se trata de un bosque húmedo cultivado por el hombre.

Para los amantes de las plantas no hay un El Dorado más grande que Kew Gardens. Sin embargo, quien sólo tiene un par de geranios en la repisa de la ventana tampoco puede negarle el respeto al espíritu botánico que reina en este sitio. Por ejemplo, tan sólo la colección de orquídeas, la más antigua del mundo, abarca más de 5.000 especies. Un equipo de expertos se dedica exclusivamente a catalogarlas.

El Temperate House ofrece la máxima atracción para todos los impacientes aficionados a la jardinería: en 1846 se sembró aquí la semilla de una palma chilena; hoy es, con sus 18 metros, la palmera más grande que crece en un invernadero en el mundo entero, y aún sigue creciendo. Una magnífica impresión nostálgica causan las escaleras de caracol victorianas que suben a las galerías debajo del techo de vidrio, desde donde se pueden observar las puntas más altas de las palmeras. Una nueva atracción en el exterior es un camino circular que pasa por las copas de viejísimos árboles gigantes.

Hay motivos para envidiar a los afortunados que han tenido la suerte de poder vivir en Richmond. Sin embargo, hay una desventaja: este Edén de jardines se encuentra dentro del corredor para los aviones que aterrizan en el aeropuerto de Heathrow. Cada 40 segundos un aparato surca el cielo con ruido atronador.

Y hay otro aspecto a tener en cuenta: para muchos capitalinos, Richmond ni siquiera pertenece a Londres. Está demasiado lejos, poco urbanizado, demasiado pintoresco. En resumen: demasiado bonito para que uno aguante vivir allí permanentemente. Quienes representan este punto de vista nunca sopesarían un traslado a Richmond. Preguntados por el motivo, todos ellos contestan con la misma frase: “I am a Londoner” (Yo soy londinense).

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