Venecia, una ciudad para el romance

Venecia no es sólo navegar en góndola por sus canales o caminar entre las palomas por la plaza de San Marcos.

Se dice que Venecia -"la ciudad más bella del mundo"- es una ciudad para odiar y amar, pero sobre todo, para seducir. [ Ver fotogalería ]

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Se dice que Venecia -“la ciudad más bella del mundo”- es una ciudad para odiar y amar, pero sobre todo, para seducir. Así lo creyeron poetas, artistas, directores de cine y viajeros de todos los tiempos, porque impresiona y fascina con su belleza melancólica y romántica.

Es la única ciudad del mundo casi enteramente construida sobre las aguas, mansas y no siempre límpidas, sobre las que se reflejan sus palacios, puentes e iglesias envueltas en una luz especial.

Ubicada en la región de Véneto (Italia), son 118 pequeñas islas unidas por más de 600 puentes y 150 canales, pero Venecia es la más popular y la que recibe millones de visitantes cada año. Las razones son obvias al detenerse a ver el atardecer en el puente Rialto.

Hay que sentarse en sus lujosos cafés y en sus soleadas terrazas, contemplar los escaparates de sus tiendas de antigüedades, reflejarse en sus famosos espejos y curiosear entre los mostradores de las lujosas tiendas de tejidos, comprar encajes de Burano y vidrio de Murano. Y hay también, por supuesto, que cenar en alguna pequeña ostería en la Giudecca.

Como es más que conocido que la comida italiana es famosa por conquistar paladares, Venecia no es la excepción. Hay que invertir tiempo para degustar la increíble variedad de platos: antipasto, pasta, variedad de carnes y ensaladas y, por supuesto, postres, que obedecen al amor innato de los italianos por los dulces, desde las tiendas llamadas Pasticeria hasta las heladerías con sus cremosos y variados sabores en cada esquina.

Una visita a Venecia no está completa sin tomarse un café o una spritz – bebida típica a base de licor de naranja, soda y vino blanco– en la plaza San Marcos, donde se encuentra el Café Florian, el más antiguo de Italia, fundado en 1720.

La influencia oriental y los vínculos con Bizancio dejó su marca en la arquitectura y sobre todo en la Plaza de San Marcos, el gran símbolo de la ciudad, donde se encuentra la gran basílica con una espléndida colección de mosaicos bizantinos con sus famosos caballos en bronce dorado. La Basílica de San Marcos (entrada gratuita de lunes a domingo, hasta las 17:00 horas), una de las joyas arquitectónicas más espectaculares del mundo cristiano.

Si el visitante tiene tiempo para quedarse en la noche de Venecia, tendrá la fortuna de disfrutar y hasta bailar con los conciertos de instrumentos de viento y cuerdas que inundan la plaza. Pues como dijo el dramaturgo austríaco Franz Grillparzaer: “Cualquiera que no sienta su corazón latir en la plaza San Marcos está muerto, irremediablemente muerto”.

 

Imprescindibles

Palazzo Ducale. Verdaderamente impresionante, como la enorme sala del Maggior Consiglio. No debe perderse el recorrido guiado por las cámaras secretas del palacio, incluidos los calabozos, las dependencias de la Inquisición y los despachos de antiguos funcionarios.

Palazzo Grassi. Primoroso palacio dieciochesco dedicado a albergar exposiciones temporales. En estos momentos, la gran muestra de Balthus que supone un aliciente adicional para el viaje. La exhibición permanecerá abierta hasta el 6 de enero de 2002, todos los días de 10 a 19 horas.

Accademia. Notable pinacoteca, entre cuyas valiosas piezas se cuentan La tempestad, de Giorgione, y el retrato de joven en su escritorio, de Lorenzo Lotto, a cual más inquietante.

Iglesias. Hay tantas que cuesta hacer una selección. Desde luego, la basílica de San Marcos y el Campanile son las más famosas, pero también la Salute, la Pietà (para cuyo coro componía Antonio Vivaldi) y la enorme Santa Maria Gloriosa dei Frari, que guarda el corazón de Canova.

Lido. Aquí sí hay coches, pero a pesar de todo merece la pena darse un paseo hasta la playa frente al Hotel des Bains, donde el pobre Gustav von Aschenbach de Muerte en Venecia espiaba al joven Tadzio y finalmente moría, cegado por su belleza.

Ghetto. El antiguo barrio judío, que dio nombre a todas las juderías del mundo y por extensión a cualquier barrio habitado por una comunidad separada. La tolerancia veneciana atrajo, entre otros, a numerosos sefardíes falsamente renegados que aquí retomaron sus cultos.

Vaporetti. Así se llaman los autobuses acuáticos de Venecia. Constituyen la mejor manera de recorrer el Gran Canal, un trayecto tópico pero que no puede dejar de hacer. Lo ideal es tomar la línea que vuelve por el canal de la Giudecca, una isla exterior de fantasmagórico paisaje industrial.

Compras. Naturalmente hay tiendas de cualquier marca de lujo y de recuerdos para turistas. Pero son especialmente interesantes las de material de escritorio y papelería. Si quiere hacerse con un cuaderno, papel o pluma que proporcione placer además de utilidad, tendrá donde elegir.

Museo Storico Navale. A Venecia la hicieron grande sus barcos y sus navegantes. Aquí podrá averiguar cómo eran.

Islas de la laguna. San Michele, con su cementerio, es un viaje muy recomendable para los necrófilos. Burano, la más típica, un paraje agradable. Murano, visítela si le sobra tiempo, pero no le traiga a nadie por quien sienta algún aprecio ninguno de los espantosos objetos de vidrio.

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