Los placeres de Bogotá

Con una belleza poco convencional, pero muy colonial y auténtica, renueva su imagen para atraer al turismo internacional. Fotos

Macarena. Este barrio céntrico, empinado y bien colorido, atrae a los turistas más pretensiosos. Hay lindos lugares para comer y oferta avant-garde. [ Ver fotogalería ]

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Por Anand Giridharadas

Parece que hay una delgada línea divisoria entre ser un campo de batalla en la guerra contra las drogas y una ciudad bohemia hip, y Bogotá la ha cruzado. En tan sólo unos años, esta urbe subtropical ha tomado medidas estrictas contra la violencia, ha limpiado su imagen y ha emergido como la ciudad capital de moda de la buena onda colombiana, y ya es un sitio seguro para visitar.

Con sus franjas de deslustrada selva urbana, la hermosura de Bogotá no es convencional y sus placeres no son inmediatamente claros. Pero premia a los viajeros intrépidos que cruzan su archipiélago de vecindarios para desenterrar joyas artísticas y culturales.

1er día. Barrio en colores

Que no le dé pena hacer la Macarena. Este empinado vecindario con edificios color turquesa, rosa y naranja tiene un aire de oscuridad céntrica que atrae a la gente informada y bien vestida. Esta gente que impone modas puede verse en Valenzuela Klenner Galería (Carrera 5 Nº 26-28), una galería de arte contemporáneo con ofertas avant-garde.

Ahí cerca está Giraldo Taller Manual del Cuero, que fabrica en piel suntuosas bolsas de mano,  portafolios, cinturones y mochilas, en todo color imaginable. Y al lado está la librería Luvina, donde los escritores locales conviven con sus admiradores.

La cocina peruana está colonizando las ciudades sudamericanas, y en Bogotá, Matiz (Calle 95 Nº 11) es un ejemplo. Un pequeño restaurante donde el menú cuesta 120 mil pesos colombianos (COP), equivalentes a 67 dólares a un tipo de cambio de 1,77 peso por dólar. Otro recomendable es un elegante restaurante de tapas, Donostia (Calle 29 Nº 5-84).

La vida nocturna de Bogotá está floreciendo, y los residentes locales pueden marearlo mientras discuten cuál es el mejor sitio de los nuevos. Un lugar seguro es BarDeLeo (Calle 27b Nº 6-73).

2º día. Cultura colombiana

Tres de las mejores instituciones culturales de Bogotá están agrupadas en el distrito Candelaria. El Museo Botero exhibe la colección personal del artista colombiano Fernando Botero, que incluye obras de Renoir, Monet y Picasso, sin mencionar los cuerpos redondos del mismo Botero.

En una ciudad donde las influencias coloniales son evidentes, vale la pena pasar por la Biblioteca Luis Angel Arango (Calle 11 Nº 4-14), que incluye una colección de instrumentos musicales indígenas de la región. Ahí cerca, el Museo del Oro (Calle 16, Nº 5-41) presenta la historia del metal precioso y su influencia en Colombia.

Por otra parte, la renaciente Bogotá tiene boutiques en los distritos de moda Zona Rosa y Zona T.

Bogotá es un vasto frenesí urbano. Tome el funicular (el boleto de ida y vuelta cuesta 14 mil COP) hasta la cima del Monserrate, y encuéntrese con la palpitante ciudad de un lado y las desiertas montañas verdes del otro. Después, disfrute una copa de vino en Casa San Isidro, un restaurante en la cúspide de la montaña que tiene una amplia selección de bodegas.

A los colombianos les encanta rumbear, término que encierra la cultura del país de escuchar música y bailar en parrandas hasta altas horas de la noche. Pero hasta hace poco, Andrés Carne de Res, un sitio de los preferidos que ofrece una combinación difícil de explicar de restaurante de carnes y fiesta de toda la noche, se ubicaba en las remotas faldas de la urbe. Después, mientras la música se hace más estridente y la noche envejece, el lugar se convierte en club nocturno.

3er día. El poder de la bicicleta

La insinuación de Bogotá como ciudad post automotriz está siendo estudiada y copiada por planificadores urbanos de todo el mundo. Los domingos, desde las 7 de la mañana hasta las 2 p.m., casi 113 kilómetros de calles del centro de la ciudad únicamente están abiertas a bicicletas como parte del programa Ciclovía. A las calles sin autos las avivan ofertas culturales, como clases de aeróbic o de rumba y venta de jugos frescos y bocadillos. El alquiler de bicicletas clásicas y de montaña parte en los 15 mil COP por medio día.

Un desayuno tradicional de Bogotá incluye humeantes tamales de pollo, sopa de huevo bien condimentada y chocolate caliente. Uno de los sitios preferidos es La Bagatelle, en el Holiday Inn Express Hotel (Calle 94 Nº 11A). Para dos, 45 mil pesos.

Antes de despedirse del país tropical, es bueno comprobar que, pese a su congestionamiento, Bogotá tiene abundantes espacios verdes, con avenidas alineadas con árboles y los voluminosos Andes en su margen, que siempre parecen estar cerca. El Jardín Botánico José Celestino Mutis (Calle 63 Nº 68) es un oasis de casi veinte hectáreas de palmeras y exuberantes jardines tropicales. Un refugio silencioso en una ciudad que trabaja fervientemente para formar parte del bullicio global.

 

*The New York Times / Travel. Nota publicada en el Diario PERFIL el sábado 28 de abril de 2012

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