36 HORAS EN AMBERES

Terrazas, cervezas y buen cacao

Además de callecitas con casas del siglo XVI, la ciudad belga tiene fama de generar sus propias tendencias en moda y arte.

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Por Ingrid K. Williams (The New York Times / Travel)

Con el techo de vidrio elevado, el hall elegante y el ornato de fin de siglo XIX, la estación central de trenes de Amberes es una buena carta de presentación de la ciudad, la mayor de la región de Flandes, al norte de Bélgica. Hace años, Amberes se posicionó como un centro de la moda luego del éxito internacional de diseñadores de primera como Dries van Noten, Ann Demeulemeester y egresados de la Real Academia de ellas Artes, una de las mejores escuelas de diseño de Europa. Ahora, la imaginación está floreciendo bajo otras formas, desde tiras cómicas hasta cocina, y desde el arte hasta la arquitectura.

Día 1. Rubens revisitado

Mientras el Museo Real de Bellas Artes sigue cerrado por renovaciones (su finalización está programada para el año 2017), una colección de sus obras se exhibe en otra frondosa ubicación: la Catedral de Nuestra Señora. Esta grandiosa catedral gótica, también alberga pinturas del artista local Peter Paul Rubens. Luego de recorrerla visite la casa y estudio del pintor. Calles serpenteantes rodean la grandiosa catedral de la ciudad, pero pocas son tan hermosas como Vlaeykensgang, un callejón adoquinado con macetas de flores en hermosas casas de piedra del siglo XVI. Desde 2011, esta calle oculta también cobija la Galería Axel Vervoordt, un espacio que muestra obras de prominentes artistas contemporáneos. En Invincible (Haarstraat 9), la cena es un festín de tres platos que abarca comida francesa tradicional. Luego de cenar, absorba algo de jazz en De Muze. Cuando el clima es cálido, la gente y la música se derraman hacia la amplia plaza de afuera.

Día 2. Jardín comestible

El considerable número de lectores de historietas cómicas de Bélgica ha ayudado a impulsar personajes caricaturescos de las páginas hasta los edificios de Amberes. Nueve murales al aire libre, pintados con historietas cómicas, están esparcidos por la ciudad: por Groenplaats, Korte Nieuwstraat, la plaza Oevery Leopold De Waelplaats y en el moderno vecindario de Zuid. Bélgica sabe a chocolate, pero eso sigue sin explicar completamente los complicados postres que Roger Van Damme prepara en Het Gebaar, como un “jardín” comestible en miniatura, con un río de chocolate y un diminuto árbol de chocolate de leche. Para salir de compras, hay que dirigirse a Kloosterstraat, una calle llena de tiendas de moda y negocios de antigüedades.

Empiece en Your, un enorme espacio de tres pisos donde encontrará todo tipo de cosas. En el elegante restaurante De Godevaart, el joven chef Dave De Belder lleva la cocina flamenca mucho más allá de los mejillones con papas fritas. Una entrada tradicional de gravlax, por ejemplo, se acompaña con helado de perejil y yema de huevo de codorniz “cocinada” a 20ºC. Es imposible pasar por Bélgica sin probar cervezas, entonces la brújula debe llevarlo hasta Kulminator (Vleminckveld 32), un pub especializado con un menú con cientos de marcas, incluyendo las clásicas difíciles de encontrar. Una “bolleke”, en lenguaje coloquial local, quiere decir un vaso de cerveza de De Koninck, una cervecería de Amberes.

Día 3. Renace el puerto

Durante el último par de años, el alguna vez temido distrito de muelles y almacenes conocido como Het Eilandje ha sido transformado en un atractivo vecindario con muchos negocios y cafeterías chicas. Allí se encuentra el Museo Aan De Stroom, conocido como MAS, en una estructura de diez pisos con vidrio ondulado y bloques de piedra. Adentro, las exhibiciones narran la historia de esta ciudad en evolución (E 5). Desde la terraza, se despliegan vistas panorámicas de las dársenas adyacentes, las esclusas y la ciudad. En Broer Bretel se venden helados de té de manzana, hinojo y perejil. Se puede pasar la tarde en Middelheimmuseum, un parque de esculturas de treinta hectáreas al sur del centro de la ciudad, con más de 200 obras, incluidas varias piezas de Rodin y un estanque burbujeante del artista flamenco Philippe Van Snick. Después, estírese sobre el pasto, tal vez bajo los cables que cuelgan entre árboles altos, una obra multisensorial del belga Honoré d’O y disfrute del arte y la naturaleza.

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