BRASIL 2014

Ouro Preto, Patrimonio Cultural de la Humanidad

A la sombra de Belo Horizonte, una de las sedes de Brasil 2014, el fútbol se vive a otro ritmo en esta colorida y tranquila ciudad colonial. 15 fotos

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Anidada en las alturas de Minas Gerais, la histórica ciudad de Ouro Preto es una de las joyas de Brasil y Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO. A la sombra de la capital Belo Horizonte, sede del Mundial-2014, el fútbol se vive a otro ritmo, un respiro para los aficionados extranjeros. La ruta desde Belo Horizonte (centro-este), situada a 85 kilómetros al norte, se adentra en las montañas mineras de este mundo anacrónico y, a medida que uno sale del ruido de la gran ciudad, la Copa del Mundo se aleja por el espejo retrovisor del auto.

Cada tanto aparece alguna bandera brasileña colgada de la ventana de una casa en un pueblo perdido, pero del Mundial no se ve mucho más que eso en esta zona célebre desde la época de la colonia por sus minerales, entre ellos obviamente el oro, pero también la hematita, la pirita y el topacio imperial. Ouro Preto (Oro Negro), ubicada a casi 1.200 metros de altura, es una excursión perfecta de un día o más desde Belo Horizonte para los simpatizantes de los equipos que han jugado o jugarán en el estadio Mineirao, como Colombia, Bélgica, Argentina e Inglaterra.

POCO AMBIENTE MUNDIALISTA

Símbolo del poder del imperio portugués y brasileño, Ouro Preto fue la capital de Minas Gerais hasta 1897 cuando la naciente república decidió transferirla a la nueva ciudad de Belo Horizonte. Los extranjeros recorren la hermosa Plaza Tiradentes, eje del casco histórico declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1980, suben y bajan por las estrechas callejuelas de piedra y visitan las magníficas iglesias de estilo barroco minero.

Los bares y restaurantes tienen televisores y buscan atraer clientela con carteles en la calle, pero lo cierto es que los partidos son seguidos con calma y hasta casi de reojo. “Paramos en casa de un amigo nuestro cerca de Belo Horizonte. Está casado con una brasileña y nos aconsejó venir de visita a OuroPreto. Es un lugar tremendo“, dice Marcelo Rodríguez, un argentino de 42 años oriundo de Río Gallegos, consultado por AFP. Su compañero de viaje Eduardo Villalba, de 41 años, coincide: “La verdad es que dos días es muy poco. Te quedás con un montón de lugares sin ver”, afirma, asombrado por las magníficas iglesias barrocas desparramadas en Ouro Preto y pueblos aledaños.

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