TURISMO EXTREMO

Desafío bajo cero en las cimas de Alaska

Conocido por los nativos como “Denali”, es Monte McKinley es la montaña más alta de Norteamérica y ejerce una magnética atracción debido a su grandeza.

Una avioneta aterriza sobre un glaciar a los pies del monte McKinley. Foto: dpa [ Ver fotogalería ]

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Por Chris Melzer (dpa)

La mayoría de las veces, el Monte McKinley no se deja ver, sino que lo envuelve una densa capa de nubes. Conocido por los nativos como Denali, la montaña más alta de Norteamérica ejerce una magnética atracción debido a su grandeza, pero la aventura de conquistarlo no siempre acaba con final feliz para algunos de los cientos de alpinistas que se enfrentan al reto. “Es muy difícil conquistar el monte. En lo más alto la temperatura es de -40ºC, a veces -70ºC, con ráfagas de viento que alcanzan 150 kilómetros por hora”, afirma Maureen Gualtieri, de la administración del Parque Nacional Denali.

Entre quienes lo han logrado más recientemente figura el español Kilian Jornet, que el pasado mes de junio batió el récord de ascenso y descenso de este símbolo de Alaska: utilizando una combinación de esquíes y crampones, completó los 26 kilómetros hasta la cumbre (casi 53 entre subida y bajada) en 11 horas y 48 minutos, una marca cinco horas mejor que la de su predecesor.

Al contrario que el Himalaya, el monte Mckinley comienza a elevarse desde una altura cercana al nivel del mar, por lo que de la falda a la cima es en realidad la montaña más alta del mundo. Por eso, cuando el año pasado el vicegobernador Med Treadwell anunció que, según nuevas mediciones, su altura no era de 6.194 metros, sino 26 menos, muchos lo consideraron una ofensa. Y de ahí viene también el nombre con el que lo bautizaron los esquimales atabascos, «Denali», que significa «el grande». Así se le llama mayoritariamente en Alaska; Monte McKinley es una denominación más de atlas geográfico.

La subida suele durar en promedio 17 días. El campamento base es una pequeña “ciudad” de tiendas apelotonadas, con sus correspondientes banderas nacionales en medio de un paisaje salvaje de nieve y hielo. La mayoría de los alpinistas recorre el camino dos veces: primero avanza con el equipamiento doscientos metros y después regresa a dormir y al día siguiente inicia de nuevo el ascenso con el resto del equipamiento. Y éste es bastante, porque durante el ascenso se come el doble de lo normal. Resulta normal pasar varios días recluido en la tienda por el mal tiempo.

Con todas estas dificultades, ¿por qué afrontar la escalada? “Lo que motiva es la aventura, el reto”, dice Mattias, un sueco veinteañero que vino con amigos. “Alaska es Alaska”, dice su amigo Anders. “Ya de niño me contaron historias sobre Alaska y el Denali. Es especial. ¡Y queremos subir ahí arriba!” Sin embargo, sólo la mitad de los alpinistas corona la cumbre. Hay que recorrer 26 kilómetros hasta la cumbre (casi 53 entre subida y bajada). Detrás del pequeño aeródromo desde el que se inicia la subida al Denali hay un cementerio. Más de un centenar de personas pagaron con sus vidas la aventura del McKinley.

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