Hazen el extremo: de la selva y el desierto a la TV

Un biólogo viajó por las geografías más inhóspitas y asegura que, muchas veces, la única manera de sobrevivir es con técnicas ancestrales. Su experiencia llega a la TV.

MULTIFACETICO. Profesor de Biología en un colegio secundario, en los arrecifes de coral del Pacífico occidental Hazen Audel intentó hacer pesca submarina mientras buscaba un camino de salida hacia aguas abiertas. Foto: Cedoc Perfil [ Ver fotogalería ]

Ficha

Por Laura Blanco (Diario PERFIL)

“Sí, claro que tuve miedo a morir. A veces, en el momento del peligro, uno no es
consciente de lo cerca que está la muerte”, asegura Hazen Audel, el protagonista
de los 8 capítulos de Solo contra el mundo, la nueva serie de NatGeo –que se estrenará el 21 de enero a las 22–, en la que este lic. en biología, escultor de Washington y aventurero recorre los lugares más remotos y extremos del planeta para demostrar cómo las antiguas técnicas de supervivencia pueden marcar la diferencia entre vivir o morir. Así fue en una inundación en Río Mico, Nicaragua, donde debió nadar atado a una cuerda para evitar que la corriente lo arrastrara a una catarata. o cuando creyó que moriría de frío en un iglú del Artico. Desde los 19 años –hoy tiene 40–, Hazen quiso conocer la selva de América del Sur, la cima de la biodiversidad.

En mi adolescencia, viajé a Ecuador. Fui por unas semanas y me quedé meses. Viví junto a los pueblos aborígenes de la selva tropical, aprendí su lengua, y ellos fueron mi familia todo ese tiempo”, cuenta en entrevista exclusiva a PERFIL. “A menudo me preguntan qué se siente al vivir en lugares tan alejados. Por el contrario, esos viajes me hicieron replantear cuán aislado vivía yo acá, en los Estados Unidos”. Así, motivado por su amor por la naturaleza e inspirado por su curiosidad cultural recorrió para NatGeo –desde la gélida cordillera del Himalaya, hasta el desierto del Sahara, pasando por la implacable selva de Papúa Nueva Guinea–.

Cada uno de los episodios fue un desafío. Tuve que vivir en los lugares más fríos o más remotos del planeta. No tenía acceso a una línea telefónica. Dependía totalmente de mis instintos de supervivencia”, asegura y recuerda que uno de los lugares en donde más sufrió fue en la selva de Panamá. “No había rutas ni caminos cercanos y, además de los elementos típicos de supervivencia y de la comida, cargábamos baterías, cámaras de repuesto y un generador”.

Mientras convivía con una tribu africana, tuvo que alimentarse con un “batido” de leche y sangre de vaca. “Uno piensa que con la cantidad de mapas disponibles hoy en día, ir del punto A al B debería ser sencillo. Yo aprendí, por las malas, que no es así. La única manera de salir con vida en ciertos terrenos es con la sabiduría de quienes han vivido en ellos durante milenios”.

—¿Los camarógrafos que lo acompañan piensan como usted?

—Me odian por tener que seguirme. De hecho, mientras grabábamos esta serie, uno de ellos rebautizó el programa: Descubriendo distintas formas de odiar a
Hazen Audel
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(31 de diciembre de 2015)

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