JAPÓN

Los encantos de Tokio, entre “kabuki” y arquitectura moderna

Como un arco en el tiempo, el este de la capital nipona reúne kabuki y arquitectura moderna. Paseos entre el gélido frenesí urbano y el tibio relax de los baños públicos.

Tokio, una de las ciudades más abrumadoras para los visitantes extranjeros, es un asalto a los sentidos. Pero, afinando el enfoque, también deja ver elementos tradicionales. Foto: The New York Times / Travel [ Ver fotogalería ]

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Por Malte Christians (The New York Times / Travel)

Tokio, una de las ciudades más abrumadoras para los visitantes extranjeros, es un asalto a los sentidos. Pero, afinando el enfoque, también deja ver elementos tradicionales. Incluso sin salir del este de la capital japonesa –el área al este del Palacio Imperial–, el visitante puede experimentar la variedad de esta fascinante metrópoli: desde boutiques en espacios abandonados hasta nuevos negocios de venta de ramen –sopa de fideos– entre relucientes rascacielos. En efecto, el ramen, plato originalmente chino, es muy consumido.

El gobierno japonés anunció recientemente una inversión de hasta 2 millones de yenes (más de US$ 17 millones) en la casa matriz de Ippudo, para apoyar la proliferación mundial de sus fideos. En esta ciudad densamente urbanizada, el ingenio crea espacios comerciales en zonas nuevas. Uno es Maach Ecute Kanda Manseibashi, un hermoso complejo junto al río, bajo el viaducto de ladrillo rojo de la histórica estación de trenes Manseibashi, cerrada desde 1943.

Allí se vende de todo: desde batidores de bambú para matcha –fino polvo de té molido, que se prepara a partir de una mezcla con agua– hasta pañuelos de papel impresos. Después de subir la escalera, aparecen los trenes de la línea Chuo, que retumban a escasos metros de los laterales de la cafetería N3331, ubicada entre las vías. Como otro ejemplo de reutilización creativa, las tiendas 2k540 Aki-Oka Artisan abrieron en una galería debajo de unas vías elevadas de ferrocarril.

Entre las mercancías artesanales, se destacan los elegantes juguetes de madera en Nocra o los fascinantes productos de Caleidoscopios Soshin. Ginza es un distrito comercial glamoroso dominado por los grandes almacenes de lujo y boutiques de diseño de alta gama. Sobrevive, en ese entorno, el Edificio Okuno, lleno de artistas. El inquilinato de ladrillo, construido en 1930, está repleto de más de cincuenta estudios, talleres y galerías, que muestran desde cerámica torneada a mano hasta criaturas marinas envueltas en hilo.

Por su parte, el Museo Nacional de Tokio aloja impresionantes colecciones temáticas (entrada: US$ 5). Entre otras, hay exposiciones dedicadas al zen y a la pintura en tinta. No se requiere hablar el idioma para apreciar kabuki, el teatro japonés clásico, rico en actuaciones expresivas, elaborados trajes y maquillaje teatral dramático.

Y no hay mejor lugar para sumergirse en esta forma de arte tradicional que Kabuki-za, el principal teatro de la ciudad. Después de un cierre de tres años, el gran teatro reabrió sus puertas en 2013 con una nueva estructura, diseñada por el aclamado arquitecto Kengo Kuma. Cada función completa de varios actos generalmente dura cerca de cuatro horas. También se venden entradas, en el balcón superior, para ver actos individuales (US$ 12).

Para un vistazo de una versión de la ciudad antes de la llegada del neón y de los rascacielos, se puede explorar las estrechas y sinuosas calles del barrio Yanaka. La casa de ladrillo y madera de Café Kayaba está abierta desde 1938; sirve té verde con leche durante el día y, después de las seis de la tarde, cócteles mezclados con ingredientes como jengibre o licor de ciruela casero.

Las direcciones japonesas pueden resultar confusas. Para ubicar un restaurante que ofrezca un delicioso tendon –un gran cuenco de arroz, cubierto con tempura–, conviene reconocer las colas de gente que está esperando afuera. La antigua casa de madera Dote no Iseya, especialista en tendon (US$ 8) desde 1889, cuenta con una decoración tradicional: un par de mesas de madera, una pequeña alcoba con un tatami y un antiguo reloj de pared dando la hora en una esquina.

Tokio puede ser abrumadora, pero un chapuzón nocturno en Myojin no Yu, un baño público parecido a un spa, combate el estrés de un día caótico. El relajante complejo ofrece saunas, piscinas de madera de ciprés con agua de manantial natural, baños de agua fría y una serie de bañeras al aire libre de diferentes tamaños y temperaturas, rodeadas de árboles y zonas verdes. Las instalaciones están separadas por género y no se permiten trajes de baño. La entrada cuesta unos US$ 10.

Y a la mañana siguiente, nada mejor que un paseo entre árboles y hierba, a través de los Jardines Hama-Rikyu (entrada: US$ 2,5). Incluso con la ciudad empujando los límites de la modernización, todavía existen lugares encantadores donde se puede sentir el aire nostálgico del pasado. Eso también sucede en el Café de L’Ambre, una kissaten (cafetería clásica) escondida en una calle de Ginza desde 1948. El Reina Ambar se sirve en una copa de boca ancha, con leche flotando encima del café dulce.

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