Zhejiang / China

La réplica de un antiguo palacio revive el esplendor de la China Imperial

Al Viejo Palacio de Verano, hogar de descanso de los emperadores, lo llamaban el “jardín de todos los jardines” por su diversidad arquitectónica. Hace 150 años fue destruido por tropas británicas y francesas. Hoy se puede revivir su esplendor.

Su destrucción fue considerada uno de los capítulos más vergonzosos de la historia china. [ Ver fotogalería ]

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Por Darío Silva D’Andrea (Perfil.com)

Desde hace dos años es posible caminar por los pasillos, patios, jardines y salones de un palacio de los emperadores de China destruido hace más de 150 años. El gobierno chino construyó una réplica exacta del Palacio Imperial de Verano de Beijing lejos de su ubicación original, en la ciudad de Hengdian (provincia de Zhejiang) pero tan impactante como el original. Aunque fue una construcción que levantó controversias, ya fue visitado por más de 10 millones de personas.

Construido con la misma escala que el destruido por tropas británicas y francesas en 1860, la réplica cuenta con 95% de elementos idénticos a los de la obra obra original en la que descansaron los emperadores de los siglos XVIII y XIX. La réplica, cuya construcción se prolongó desde 2012 hasta 2015, cubre un área de 413 hectáreas y demandó una inversión total superior a los 5.000 millones de dólares. El recinto se divide en el Parque de Primavera, que alberga 45 jardines en diferentes estilos chinos, el Parque de Verano, el Parque de Otoño y el Parque de Invierno, con un total de 100 jardines pequeños. Las instalaciones cuentan con tecnología moderna que incluye iluminación LED y láser.

El Viejo Palacio de Verano era en realidad un conjunto de palacios comenzados a principios del siglo XVIII y expandidos durante los cien años siguientes. Abarcaba una superficie de 350 hectáreas y albergaba unos edificios grandiosos de estilo europeo, diseñados por los jesuitas Giuseppe Castiglione y Michel Benoist, que habían sido empleados del emperador Qianlong el Magnífico, además de cientos de edificios de estilo chino, tibetano y mongol. Estaban representados diseños arquitectónicos de toda China.

El general Charles-Guillaume de Montauban (1796-1878), quien conoció el palacio antes de su destrucción, escribió al respecto: “No hay en Europa nada que pueda transmitir una idea de lujo semejante, y me resulta imposible describir sus esplendores en unas cuantas líneas, tan impresionado como estoy, en especial, por el asombro que me causa ver estas maravillas”.

El palacio fue residencia de descanso de la Dinastía Qing, la última que gobernó China, entre 1644 y 1911. En 1749, con motivo del sexagésimo aniversario de su madre, el emperador Qianlong ordenó construir el “Jardín de Aguas Rizadas y Limpias”. Lamentablemente, sólo cien años después de su conclusión la obra fue arrasada en 1860 por las fuerzas anglo-francesas, que también saquearon otro famoso y mayor jardín imperial, Yuanmingyuan (Palacio de la Luna Llena), al cual procedieron luego a incendiar hasta dejarlo en total destrucción.

Solo quedó intacta una habitación en el palacio, que estaba recubierta de Jade. El incendio envolvió a 200 exquisitos palacios, pabellones, templos, pagodas y jardines, y envolvió la parte oeste de Pekín en humo negro durante días. Uno de los militares británicos a cargo del ataque escribió: “Cuando entramos en los jardines, recordaban a los terrenos mágicos que se describen en los cuentos de hadas; salimos de ellos el 19 de octubre y los dejamos convertidos en un triste páramo de ruinas inexistentes“. Su destrucción fue considerada uno de los capítulos más vergonzosos de la historia china.

En 1886, la nueva monarca de la Dinastía Qing, la emperatriz viuda Cixi, mandó a reconstruir el Parque y diez años más tarde, cuando la restauración se concluyó a un costo total de 30 millones de onzas de plata, el parque fue rebautizado como Yiheyuan (“Palacio de la Armonía”, nombre original de Palacio de Verano). Cixi pasaba la mayor parte de su tiempo en el Palacio de la Armonía. Cada año, llegaba al lugar en enero y no regresaba a la Ciudad Prohibida hasta octubre, después de festejar su cumpleaños el diez de ese mes (según el calendario lunar de la antigua china). Durante este lapso, la emperatriz sostenía entrevistas con los cortesanos, atendía asuntos gubernamentales y organizaba ceremonias rituales, las cuales hacían del parque el segundo centro político de Beijing después de la Ciudad Prohibida.

Lo llamaban el “jardín de todos los jardines” por su diversidad arquitectónica, que incluía edificios de estilo occidental. Sin embargo, en 1900 fue nuevamente incendiado por las tropas aliadas de las ocho potencias imperialistas, que entraron en Beijing para sofocar la rebelión de los Boxers, y no fue reconstruido hasta el 1903. Tras la caída de la dinastía Qing, en 1911, el último heredero de la corona, el emperador Puyi, fue expulsado de la Ciudad Prohibida. Poco tiempo después, este jardín imperial, que había sido testigo de la opulencia y las intrigas, quedó abierto oficialmente al público. Con la llegada del comunismo, la zona se llenó de barrios de viviendas y fábricas, desapareciendo el complejo imperial casi por completo.

En 1998, la Unesco incluyó al Palacio de Verano en su Lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad, y lo definió como “una obra maestra del arte paisajístico chino”. Los elementos creados por el hombre –pabellones, palacios, aposentos, templos y puentes– se han adaptado perfectamente al paisaje natural de colinas y estanques”, anunció la organización. “Esa adaptación ha dado por resultado la creación de un conjunto monumental armonioso y extraordinario en el plano estético“, dijo la Unesco.

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