EXPLORANDO EL SUR DE ÁFRICA (II)

En el Desierto de Kalahari, donde la lluvia es una bendición

La naturaleza del Kalahari Central en Botsuana tiene durante la época de lluvias un aspecto suave, casi seductor, muy diferente a la aridez inhóspita de la temporada seca.

Durante los llamados "bushmen walks" las mujeres y los hombres se visten con pieles, lo que contribuye a difundir estereotipos folclóricos. Fotos: dpa [ Ver fotogalería ]

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En Deception Valley, el ojo no entrenado cree ver al principio paisajes característicos del centro de Europa. Las llanuras están cubiertas de jugosa hierba, las zarzas y los árboles están llenos de hojas, rosas silvestres se mecen al viento y mariposas revolotean alrededor del todoterreno. Es cierto que la forma icónica de la acacia tortilis recuerda inmediatamente a la sabana africana. Sin embargo, la naturaleza del Kalahari Central en Botsuana tiene durante la época de lluvias un aspecto suave, casi seductor, muy diferente a la aridez inhóspita de la temporada seca. La sabana, normalmente muy seca, se convierte en un Edén verde.

No obstante, un paseo ingenuo por Deception Valley podría ser muy peligroso. Samuel Andy Kasale ha avistado tres jóvenes leones bajo un árbol. El coche se acerca hasta pocos metros de distancia. “Tienen los estómagos llenos. Han comido hace poco“, dice el guía de safari, y agrega: “Estos tres leones van a buscar otras manadas e intentarán quitarles las hembras a los machos para convertirse ellos mismos en líderes. Esa es la historia de su vida“. Así es el curso de los acontecimientos en la naturaleza salvaje de la Reserva de Caza del Kalahari Central.

La mayoría de los turistas visitan Botsuana durante los meses secos, de mayo a octubre. Esa es la mejor época para ver el famoso delta del Okavango, las principal atracción turística del país. En cambio, la estación de lluvias, por ejemplo los meses de enero y febrero, es la época ideal para visitar el Kalahari por los animales y el espectáculo de la naturaleza: nubes de color gris apizarrado se alzan sobre la sabana intensamente verde y cortinas de lluvia oscurecen el horizonte. Por la tarde, el aire parece estar cargado de electricidad. Las formaciones nubosas en el cielo son cada vez más dramáticas, hasta que la tensión se descarga en forma de tormentas violentas.

El Kalahari Central es una de las regiones más solitarias de África. Aunque Botsuana tiene más o menos la misma superficie que la Península Ibérica, solo cuenta con dos millones de habitantes. La reserva es casi tan grande como la República Dominicana pero está casi totalmente despoblada.

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Gracias a su carácter desértico, durante la época de lluvias son frecuentes los encuentros con animales: cabras montesas, antílopes saltadores, ñus e incontables manadas de gacelas. Y entre ellos jabirús, marabús, avutardas kori, garzas y de vez en cuando avestruces. Por la hierba pasan lentamente chacales. Dos guepardos que acaban de matar a una joven gacela no quieren que los molesten durante la comilona. Sin embargo, el rey de la sabana es el león del Kalahari, que se puede reconocer por su melana negra.

Durante la tarde noche, los turistas pueden descansar en lo que es probablemente uno de los alojamientos más exclusivos del continente africano. En la reserva del Kalahari y en sus márgenes solo hay una docena de lodges de safari permanentes.

El “Kalahari Plains Camp” está situado al sur de Deception Valley: ocho cómodos chalets con forma de tienda de campaña con sus propios aseos y duchas, una gran sala con comedor y una piscina. Una instalación solar suministra la electricidad. Como tarifa estándar, la empresa Wilderness Safaris cobra entre mediados de enero y finales de mayo por este alojamiento, incluyendo las comidas y el safari, 935 dólares (880 euros) por persona y noche. Más o menos lo mismo que una semana en una playa del Mediterráneo.

Botsuana, un país democrático económicamente pujante, prefiere que vengan pocos turistas que gasten mucho dinero. Como consecuencia, los precios son elevados. Con su rechazo al turismo de masas, Botsuana intenta preservar el espacio vital de los animales salvajes.

Sin embargo, la historia de la explotación de diamantes y del turismo en el Kalahari Central tiene un capítulo oscuro. La reserva se fundó en 1961 para proteger a la población indígena. Los san, también llamados basarwa o bosquimanos, viven allí como cazadores y recolectores.

Los nómadas terminaron asentándose en la zona, pero a finales de la década de los 90 el Gobierno los conminó a abandonar la reserva. Finalmente, los san fueron reubicados a la fuerza. Muchos de ellos cayeron en la apatía y en las garras del alcohol. En 2006, el Tribunal Supremo autorizó el regreso de los bosquimanos a la reserva. Sin embargo, al principio se prohibió la construcción de una fuente y la caza es ilegal actualmente.

Algunos san cooperan con los campamentos de safari, donde ofrecen a los turistas “bushmen walks”. Estas excursiones tienen cierto carácter folclórico desagradable. Las mujeres y los hombres se ponen pieles, aunque generalmente visten ropa normal. Muchas veces, los turistas no lo saben.

Durante las excursiones no se discuten las condiciones de vida reales de los bosquimanos. Para los críticos, es una burla que a los turistas se les haga creer que los bosquimanos viven un un mundo inmaculado cuando en realidad el Gobierno de Botsuana los privó de sus derechos y destroyó su vida tradicional.

El campamento “Meno a Kwena” (Dientos del Cocodrilo), situado en el margen occidental del parque nacional Makgadikgadi Pans, también colabora con un grupo de sans. Makgadikgadi es un parque que también merece la pena visitar durante la época de lluvias. Está situado al noreste de la reserva del Kalahari y, junto con el parque nacional Naxi Pans, más pequeño, abarca una región marcada por extensos salares.

El campamento “Meno a Kwena” está situado arriba del río Boteti. Quien se pare delante de la lujosa tienda a veces puede ver en el agua hipopótamos y cocodrilos o antílopes bebiendo en la orilla. La escena es más espectacular en noviembre, cuando unas 20.000 cebras y ñus acuden al Boteti en busca de agua. Durante la época seca, sin embargo, el panorama en el Makgadikgadi es menos espectacular.

El “Meno a Kwena” no está vallado. Tan pronto como comienza a atardecer, al turista solo se le permite entrar acompañado en su tienda de campaña. Por la noche puede oír a un león atravesando el campamento. Su rugido resuena en la oscuridad, muy cerca. Demasiado cerca, piensa uno sin poder conciliar el sueño. En algún momento, el rugido se aleja y es sustituido por la lluvia que cae por la noche. Para el turista, una vez más, queda claro que la naturaleza no es tan inofensiva como parece ser durante la época de lluvias.

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DATOS ÚTILES

Cómo llegar: En avión a Maun con escala en Johannesburgo o Windhoek. Desde Maun, los campamentos organizan el transporte hacia los parques por tierra o en avioneta.

Alojamiento: Muchos de los campamentos de safari son lujosos y cuestan varios cientos de euros la noche. Están situados sobre todo en las fronteras de los parques y las reservas. En el Kalahari hay algunos “Luxury Tented Camps”. Se recomienda reservar temprano en las oficinas correspondientes.

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