Venden el paradisíaco refugio del pirata Wiliam Kidd

Gran parte de la fascinación que aún despierta Kidd se debe al halo de misterio que todavía ronda sobre el presunto escondite nunca revelado de un cuantioso tesoro de sus correrías, un mito entre aventureros y buscadores de tesoros.

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Ficha

| Noticia publicada el 4 de septiembre de 2017

 

El refugio de descanso del capitán William Kidd, uno de los corsarios más populares de todos los tiempos, una gema natural de poco más de tres hectáreas sobre el mar en Connecticut, entre Boston y Nueva York, fue puesto a la venta en Estados Unidos. El marino escocés utilizó el lugar mientras escapaba de la Marina Real británica, antes de ser ahorcado en Londres en 1701, bajo cargos de piratería.

Al margen de las fábulas ahora se ofrece por un precio cercano al millón de dólares la 6 High Island, más conocida como “La isla de Kidd”, en el sitio www.luxuryestate.com. La naturaleza virgen caracteriza aún hoy a este maravilloso lugar, de hecho un escondite perfecto para los piratas en busca de privacidad y algo de descanso. Más allá de que el tesoro del Capitán pudiera hallarse aquí o no, el verdadero patrimonio de la isla es otro.

Apenas a 15 minutos de la “civilización” el tiempo parece haberse detenido, en una mágica combinación de vegetación frondosa, granito rosado y rincones incontaminados para pescar, avistar aves o seguir la migración de las mariposas entre paisajes paradisíacos. En este contexto se estableció la Buccaneer Company, la cooperativa que desde 1904 posee la isla y se ocupó de conservarla dentro de la armonía natural que distinguió a sus habitantes más antiguos.

El afortunado que compre este rincón del paraíso tendrá a su disposición una villa rústica de 173 metros cuadrados, con cuatro habitaciones y servicios. Hay grandes ventanales para admirar el atardecer, un espacio para la puntual hora del té de las cinco, canchas de tenis y badminton, y dos amarraderos con capacidad para ocho embarcaciones. Además de las bellas playas con servicios de barcos artesanales y kayaks. Y, claro, la fantasía latente de hallar tal vez la mítica fortuna enterrada de Kidd.

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