BODA REAL

El Castillo de Windsor, una atracción turística con 1.000 años de historia

El castillo habitado más antiguo del mundo será el escenario de la “boda real” del príncipe Harry y la actriz estadounidense Meghan Markle. Mitad fortaleza, mitad hogar, tiene un lugar privilegiado en el corazón de los ingleses. FOTOGALERÍA.

FORTALEZA. A lo largo de los siguientes nueve siglos, Windsor fue hogar de casi 40 monarcas de varias dinastía hasta llegar a Isabel II. La primera construcción de los muros del castillo, que fue reconstruido y reformado varias veces en una colina sobre el río Támesis, data del año 1070. (Fotos: AFP, DPA, AP, Archivo). [ Ver fotogalería ]

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Windsor no es solo un castillo inglés. Su nombre representa la historia británica desde hace 1.000 años y da el apellido a la actual familia real. La reina Isabel II vive en este castillo, lo que lo convierte en el castillo habitado más antiguo del mundo.

Rodeado por gruesos muros exteriores, el Castillo de Windsor es una de las residencias de la Corona inglesa desde hace más de 900 años y este sábado 19 de mayo será el escenario de la “boda real” del príncipe Harry y la actriz estadounidense Meghan Markle.

La reina Isabel II, que considera Windsor su residencia favorita, pasa mucho tiempo allí y suele organizar recepciones de Estado, lo que convierte a esta fortaleza a 35 kms. de Londres en el castillo habitado más antiguo del mundo.

Es tal la importancia de Windsor para los ingleses que en 1917 su nombre fue elegido como apellido de la familia real. En plena ola de germanofobia por la Primera Guerra Mundial, fue lord Stamfordham, secretario privado del entonces rey Jorge V, quien sugirió rebautizar a la familia con un nombre tan inglés como Windsor en remplazo del germánico Sajonia-Coburgo-Gotha.

El castillo domina la pequeña ciudad de Windsor, a orillas del río Támesis, y puede visitarse en primavera casi en su totalidad. La fortaleza aparece firme y fuerte sobre los pequeños edificios de una ciudad que más parece una aldea medieval.

La primera construcción de los muros del castillo, que fue reconstruido y reformado varias veces en una colina sobre el río Támesis, data del año 1070, cuando el rey Guillermo “El Conquistador” levantó una serie de fortificaciones alrededor de Londres para proteger su reino.

A lo largo de los siguientes nueve siglos, Windsor fue hogar de casi 40 monarcas de varias dinastía hasta llegar a Isabel II. Allí se refugió Isabel con su hermana, Margarita, durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, y allí se escondieron las valiosas joyas de la Corona para evitar que fueran secuestradas por los nazis.

En 1992, el castillo sufrió el peor de los incendios, desatado por un cortocircuito que destruyó gran parte de los salones de Estado (100 habitaciones en total), incluido el imponente St. George’s Hall, donde se celebran los banquetes oficiales y donde la reina ofrecerá una almuerzo de bodas a Harry y Meghan. La reconstrucción de esta joya de la arquitectura medieval costó millones de dólares y destruyó obras de arte de incalculable valor.

El castillo ocupa cinco hectáreas, tiene cerca de 700 habitaciones, tres túneles secretos, 150 empleados y una cocina que es la más antigua del país y se encuentra a pleno rendimiento, incluidos sus relojes, que suelen estar adelantados cinco minutos para que la comida siempre llegue a punto a la mesa de la reina.

Al haber sido hogar de 39 reyes y reinas, el conjunto refleja los gustos cambiantes de sus ocupantes, en especial los de Carlos II (1660-1685) y Jorge IV (1820-30). El primero es conocido por su deseo de competir con los logros de su primo, Luis XIV de Francia, en Versalles. Decidido a superar el lujo versallesco, Carlos II modernizó los interiores convirtiéndolos en los apartamentos de Estado más grandes de Inglaterra.

Doscientos años más tarde, el rey Jorge IV, reconocido por su excelente gusto por el arte, dio a los Apartamentos de Estado de Windsor una nueva gran entrada y la escalera, y agregó la colosal Cámara Waterloo, en conmemoración de la derrota de Napoleón Bonaparte en 1815.

En la parte baja de esta ciudadela amurallada los turistas pueden visitar la Capilla de San Jorge, donde el príncipe Harry contraerá matrimonio. Esta iglesia de estilo gótico tardío del siglo XV fue construida por el rey Eduardo IV en 1475 para la Orden de caballería de la Jarretera.

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La capilla, que pese a su nombre tiene grandes dimensiones, fue escenario de numerosos funerales y entierros, así como unas quince bodas reales, entre ellas de varios hijos de la reina Victoria. Hace 155 años, la capilla de San Jorge fue el escenario de otra boda real, la del príncipe Eduardo de Gales con la bella princesa danesa Alejandra.  El príncipe Carlos y Camilla recibieron también allí la bendición de la Iglesia tras su matrimonio en 2005.

Pero también es un mausoleo. Allí están enterrados los reyes Eduardo IV, Enrique VI, Eduardo VII, el decapitado Carlos I, el “Rey Loco” Jorge III, Jorge V y Jorge VI, este último bisabuelo del príncipe Harry. Cerca del altar se encuentra además la tumba de Enrique VIII junto a la de su más querida esposa, Jane Seymor.

La iglesia conserva una puerta original de mediados del siglo XIII, la Galilee Porch, que sólo usa la familia real cuando asiste a servicios religiosos. En su exterior hay 76 esculturas de las bestias de la reina, representando a los 14 animales heráldicos, incluyendo el león de Inglaterra, el dragón rojo de Gales y el halcón plateado de York.

Hoy Windsor es una de las visitas obligas para los turistas que viajan a la capital británica, a solo una hora de viaje. En su interior se pueden visitar los lujosos apartamentos de estado del castillo, decorados con obras de arte de gran valor histórico, con piezas de Rubens, Holbein, Brueghel y Van Dyck. También se puede conocer la “Casa de Muñecas de la Reina María”, que cuenta con réplicas en miniatura reproducidas de accesorios y piezas reales del castillo.

La casita contiene miles de objetos en miniatura hechos por los principales artistas, diseñadores y artesanos: su biblioteca está repleta de obras originales de autores literarios de renombre, una completa bodega y un jardín. La casa de muñecas tiene incluso electricidad, agua corriente (caliente y fría), ascensores de trabajo y sus baños funcionan a la perfección.

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