EUROPA / REPÚBLICA CHECA

Praga, ciudad kafkiana

El escritor Franz Kafka, del que este año se cumplen 230 años de su nacimiento, y la ciudad que le vio nacer, son inseparables.

El escritor Franz Kafka y la ciudad de Praga son imposibles de separar desde que aquel naciera el 3 de julio de 1883. [ Ver fotogalería ]

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Por Jakob Lemke (dpa)

El escritor Franz Kafka y la ciudad de Praga son imposibles de separar. “Esta madrecita tiene garras”, escribió Kafka sobre la urbe, donde hoy se venden camisetas con inscripciones como: “Yo tomé cerveza con Kafka”.

El escritor, del que el 3 de julio se cumplen 130 años de su nacimiento (1883-1924), pasó su corta vida casi por completo en la metrópolis del turismo junto al río Moldava. Hoy forma parte de cualquier recorrido por la ciudad. Es casi imposible pasear por sus calles llenas de turistas sin toparse con el escritor checo de lengua alemana.

El ruido aumenta en dirección del Castillo de Praga, donde los guías llaman a sus grupos, músicos callejeros tocan el acordeón y en el cielo vuela un helicóptero. Al fondo, en el Callejón del Oro, se venden artesanías checas. Frente a una de las pequeñas casas, la número 22, en la que Kafka vivió entre 1916 y 1917, no para de oírse el sonido de las máquinas de fotos.

Ya cuando él vivía allí el Castillo era como una ciudad dentro de otra ciudad, con sus propios bomberos y su propio servicio de seguridad. Muchos estudiosos creen que Kafka tomó este barrio de “Hradcany” como modelo para su novela “El castillo” (1926).

En otro lugar de la ciudad, la mañana se cubre de nubes y el viento sopla entre las lápidas del Nuevo Cementerio Judío. Frente a la tumba familiar, los turistas susurran en inglés, alemán o yiddish. Todos los días llega gente de todas partes del mundo a rendir homenaje al autor de “La metamorfosis” en su lugar de reposo final.

La tumba de la familia de Franz Kafka en el Nuevo Cementerio Judío de Praga. Foto: Jakob Lemke/dpa

Durante la época comunista, Kafka era considerado en Checoslovaquia un “escritor burgués”. Sólo después de la caída del telón de acero se editaron en su país natal sus obras completas en checo, trabajo que concluyó en 2007. Desde 2003 hay además un monumento que lo recuerda en el Barrio Judío, cerca de la Sinagoga Española. Con sus más de tres metros de alto, impresiona a los turistas.

Quien busque las huellas del escritor en Praga tiene muchas otras esquinas. Se conocen las direcciones donde vivieron él y sus novias, pero también las de sus escuelas y lugares de trabajo. A menudo en cada fachada hay una placa que menciona el hecho.

Algunos de los cafés a los que solía acudir, como el Imperial o el famoso Café Slavia, han sido renovados y siguen funcionando. Y el público acude a los teatros y salas de conciertos de los que habla en sus diarios.

El Museo Franz Kafka, de administración privada, ilustra la simbiosis con su exposición permanente “La ciudad de Franz K. y Praga”. Hay instalaciones multimedia que permiten imaginar el microcosmos de Kafka y el intercambio de cartas de la aseguradora para la que trabajaba recuerda a escenas de su novela “El proceso” (1925). Muchos visitantes se sorprenden además al encontrar dibujos hechos por el escritor, monigotes de tinta negra que parecen perdidos en el mundo.

El adjetivo “kafkiano” se usa para describir situaciones extrañas o alienantes. Aún hoy hay escenas de este tipo en las estrechas callejuelas o los patios traseros del centro histórico. Para los lectores de Kafka, son más agradables que las ocurrencias de los negociantes actuales: El Hotel Kafka se ve algo deteriorado, mientras que el nombre del autor sirve de propaganda a bares y restaurantes. El escritor y Praga, inseparables.

“Esta madrecita tiene garras”, escribió Kafka sobre la urbe, donde hoy se venden camisetas con inscripciones como: “Yo tomé cerveza con Kafka”.

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