La Puna jujeña, belleza norteña

Con imponentes paisajes de altura e inquietante silencio, esta región se luce con numerosos parajes de rústica belleza y simplicidad. Fotos.

Uno de los poblados preferidos de la región es Susques, al que se llega tras un desafiante recorrido por la Cuesta de Lipán y un paseo impactante por las Salinas Grandes. [ Ver fotogalería ]

Información: Agencia Tur Noticias

La Puna, en la provincia de Jujuy, propone imperdibles postales para renovar energías, degustar sabores regionales, participar de festividades locales y adquirir coloridas artesanías. Hermosas salinas, extensas lagunas custodiadas por altos picos cordilleranos y verdes oasis que matizan los imponentes relieves desérticos componen esta deslumbrante región en el extremo noroeste de la Argentina, al límite con Chile y Bolivia.

Se trata de una tierra que remonta al viajero hasta los tiempos precolombinos para descubrir los rasgos de un pasado que se mantiene muy presente en un conjunto de pequeños poblados, alejados aún de toda modernidad. Áreas tranquilas y pintorescas, donde abundan las casas en barro, piedra y paja, y donde las costumbres milenarias siguen siendo respetadas. A continuación, hacemos un recorrido por los principales poblados, marcando un circuito turístico muy atractivo para una escapada inolvidable.

Pasado minero

Uno de los poblados preferidos de la región es Susques, al que se llega tras un desafiante recorrido por la Cuesta de Lipán y un paseo impactante por las Salinas Grandes. Ubicado en el fondo de una pequeña hoya a más de 3700 metros de altura, lo protegen salitrosas mesetas repletas de cardones, queñoas y tolas que contrastan con el rojizo de sus tierras.

Considerado uno de los más antiguos de la Puna está conformado por unas escasas cuadras, callecitas angostas y bajas construcciones. Ubicado muy cerca del Paso Internacional de Jama, es un portal a la Cordillera de los Andes, con condiciones climáticas extremas; y cuenta con infraestructura hotelera y gastronómica para recibir al visitante.

Su principal atractivo es la antiquísima Iglesia Nuestra Señora de Belén, construida a fines del siglo XVI y ambientada con pinturas cuzqueñas. Incluso, las campanas que vibran en su torre fueron traídas desde Chuquisaca. Actualmente, los pobladores del lugar crían llamas y cabras, aunque en el pasado este fue un importante centro minero. En los alrededores es recomendable un paseo por la Salina de Olaroz, el Salar de Caucharí y la Quebrada del Taire, dónde obtener una de las mejores panorámicas.

Riqueza arqueológica

Siguiendo el camino es posible adentrarse en el poblado de Yavi, casi dormido en el tiempo con su aspecto añejo y apacible, se ubica cerca de la frontera con Bolivia. También compuesto por edificaciones en caña, barro y paja a los fines de soportar las más fuertes heladas, genera una sensación de vasta desolación que lo hace aún más bello. Surcado por el río que lleva su nombre, a diferencia de otras áreas más desérticas posee verdes extensiones que lo llevaron a ser calificado como oasis de la Puna.

Yavi está rodeado por yacimientos arqueológicos que recuerdan el pasado, también es protagonista de atractivos como la Capilla de San Francisco terminada en 1690; la Casa del Marqués, donde funciona una biblioteca y un museo; la Laguna Colorada; Yavi Viejo, en una zona conocida como El Angosto; y el Museo de Antigales.

La tierra de los coyas

En dirección norte, es posible llegar hasta La Quiaca, en el límite con el vecino país de Bolivia. Considerada principal centro urbano de la región, recibe turistas durante todo el año atraídos por su cultura y los vivos colores que la caracterizan. Con una completa infraestructura, es una parada obligada para hacer los diversos recorridos de la zona, vivir la tradicional fiesta en adoración a la Pachamama durante el mes de agosto o la Fiesta de las Ollas, que se desarrolla cada octubre.

Comidas típicas, música y bailes convierten a esta ciudad en un destino para el encanto, donde también se pueden hacer actividades de montaña, respirar aire puro y renovar energías en un clima de absoluta tranquilidad.

Para visitar, está el Centro de Alto Rendimiento, el Museo Etnográfico Musojñian, la Estación del Ferrocarril que se mantuvo en funcionamiento entre 1907 y 1993; el Puente Internacional Horacio Guzmán que conecta con la pintoresca Villazón; la Laguna de los Pozuelos, declarada Monumento Natural por su rico ecosistema; el Cerro Los Siete Hermanos; y el Mercado Central, donde adquirir recuerdos y degustar platos y bebidas típicas.

Antiguas costumbres

  • Otros poblados menos conocidos, pero igual de importantes en el paso de la historia, componen este mágico circuito norteño. Casabindo, situado a unos 3500 metros al oeste de la provincia, también es poseedor de una antigua iglesia construida en 1772, conocida como Catedral de la Puna. Allí, es donde cada 15 de agosto se realiza el Toreo de la Vincha, donde la hazaña no busca sacrificar al animal sino simplemente quitarle una corona con monedas de plata.
  • Unos 50 kilómetros al norte es posible llegar hasta Abra Pampa, la “Siberia Argentina”, donde es posible encontrar una colorida feria y visitar establecimientos donde se domestican y crían llamas para comercializar su lana. Desde el lugar también se aprecia el Cerro Totay de 4300 metros.
  • Al oeste, sobre la ruta provincial 71, aparece Cochinoca prácticamente abandonada luego de haberse detenido el ferrocarril y vaciado sus minas de oro. En tanto, resulta imperdible un paso por la antigua capilla de Santa Bárbara.
  • Los últimos dos lugares que merecen también una visita son Rinconada, en cercanía de la Laguna de Pozuelos, donde se hallan el antiguo cabildo y viejas minas; y, Santa Catalina, que exhibe la colección del Museo Regional Epifanio Saravia y un paseo por el Río Catalina.

Picantes y bebidas espirituosas

La cocina autóctona tiene entre sus ingredientes más asiduos el choclo, los ajíes, el charqui, las papas andinas y la llama. Hay que preparar el paladar para degustar locros humeantes, tamales, empanadas, chanfainas y sopas de quínoa. Entre los postres, la mazamorra y el dulce de cayote con quesillo. Como bebida típica la chicha, con harina de maíz y agua fermentada, y la aloja, de vainas de algarroba.

Apartado de lujo

A unos 39 kilómetros de San Salvador de Jujuy, es posible sumar un recorrido no muy extenso que lleva al viajero a descubrir las raíces y costumbres de culturas que persistieron por unos 10 mil años. Se trata de la Quebrada de Humahuaca, un valle rodeado de coloridos cerros e infinidad de cactus, que fue parte del místico Camino del Inca e intensa ruta comercial durante la época virreinal. Desde julio de 2003 fue caracterizada por la UNESCO como un “sistema patrimonial de características excepcionales”.-

GALERÍA DE FOTOS

 

  • Cómo llegar. La provincia de Jujuy dista unos 1.500 kilómetros de Buenos Aires por la RN 9. Son varias las vías aéreas que llevan hasta Salta o San Salvador. Desde Chile está el paso internacional de Jama y desde Bolivia el Paso Internacional Horacio Guzmán. Más información: Secretaría de Turismo de la provincia de Jujuy.

Un comentario en “La Puna jujeña, belleza norteña

  1. SUSANA CARMODY | 07/12/2013 | 13:39

    MARAVILLOSO !!!Por conocer (algo)….cada día me encanta esta BELLEZA ARGENTINA !!

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