DESTINOS INÉDITOS

Cementerios, iglesias, castillos y otros destinos de miedo

En muchas ciudades, los turistas visitan sobre todo palacios, museos y otros edificios importantes que no deben faltar en ninguna guía turística. ¿Pero y qué de los cementerios, las criptas, los castillos embrujados y otros sitios de leyendas fantasmales? Sí, ¿por qué no?

El Castillo de Bran, en Rumania, inspiró la leyenda del Conde Drácula. (Pixabay) [ Ver fotogalería ]

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En muchas ciudades, los turistas visitan sobre todo palacios, museos y otros edificios importantes que no deben faltar en ninguna guía turística. ¿Pero y qué de los cementerios, las criptas, los castillos embrujados y otros sitios de leyendas fantasmales? Sí, ¿por qué no?

Las catacumbas de París

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Seis millones de personas enterradas en 300 kilómetros de túneles bajo tierra. Sólo de pensarlo, se nos pone la piel de gallina. Les carrières de Paris (Catacumbas de París, Francia) es uno de los cementerios más famosos de la ciudad. En el siglo XVIII, los cadáveres de distintos campos santos de la ciudad fueron trasladados a estas antiguas minas de piedra caliza para combatir epidemias y enfermedades. Es impresionante pasear por estos túneles y encontrarte con muros hechos con huesos humanos y calaveras.

Sólo una pequeña parte de este macabro lugar es visitable. Las Catacumbas se crearon en 1780 cuando los huesos de los superpoblados cementerios parisinos se colocaron en un laberinto de canteras subterráneas. Las reliquias artísticamente colocadas van acompañadas de citas filosóficas fúnebres, lo que ayuda a comprender mejor el macabro fatalismo de la época. Se recomienda visitar las Catacumbas un día de lluvia para lograr el ambiente perfecto.

 

El castillo de Drácula

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Este castillo es una de las principales atracciones turísticas de Rumania, con más de 630.000 visitantes al año. El castillo de Bran (en la región rumana de Transilvania) fue originalmente una fortaleza militar, estratégicamente situada en una carretera que une Transilvania con el sur del país. La fortaleza es famosa por su conexión con Vlad III “el Empalador”, un príncipe de la vida real que vivió allí en el siglo XV y tenía la cruel costumbre de utilizar estacas para empalar a sus víctimas. Vlad III inspiró la historia de Stoker sobre el Conde Drácula.

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Vlad III el Empalador no era dueño del castillo, pero se cree que lo usó brevemente durante sus incursiones en Transilvania. También se cree que estuvo encarcelado en el castillo durante dos meses en 1462 cuando fue capturado por un rey húngaro rival. Vlad III empaló a sus víctimas como castigo por la mala acción. Según se dice, sus víctimas incluían a todos los residentes mayores de una comunidad para vengar la muerte de su padre y su hermano. Actualmente, una empresa rumana administra el castillo que se alquila para bodas, veladas y eventos corporativos.

 

Museo del Crimen

En el Museo del Crimen de Viena (Wiener Kriminalmuseum), ubicado lejos de las masas turísticas en una modesta vivienda en el tranquilo distrito de Leopoldstadt, se encuentran imágenes impactantes. La ciudad exhibe aquí instrumentos de tortura, así como armas criminales, e ilustra los crímenes más escalofriantes, en parte con fotos originales de los cadáveres. Esto hay que poder aguantarlo.

En las famosas cafeterías, que uno nunca sabe a ciencia cierta si encontrar melancólicas o decadentes, la muerte también se sienta a la mesa. Los camareros, con gesto serio y vestidos de negro, parecen a menudo portadores de féretros. Antes de las 11 de la mañana los clientes piden tarta. Quien tenga un contacto tan natural con la muerte como los vieneses quizá disfrute más de la vida.

 

Cementerio de Ohlsdorf

El cementerio de Ohlsdorf en Hamburgo (Alemania) es el cementerio-parque más grande del mundo y, con una superficie de unos 391 hectáreas, también el cuarto cementerio más grande del mundo. Desde su inauguración en 1877, unos 1,4 millones de muertos fueron enterrados aquí a la sombra de árboles frondosos y coníferas. El terreno está atravesado por calles con una extensión total de 17 kilómetros. Una línea especial de autobús da acceso al área.

Además de un museo, hay un centro de información desde el que se ofrecen visitas guiadas. “La demanda es muy grande y ha aumentado notablemente en los últimos años“, dice el portavoz del cementerio, Lutz Rehkopf. Ohlsdorf se convirtió en un importante destino turístico en Hamburgo. No siempre fue así. “Durante mucho tiempo, el cementerio era una zona tabú que mucha gente evitaba visitar”, señala Rehkopf. Actualmente, se ofrecen conciertos, representaciones teatrales y funciones de cine.

 

El Stanley Hotel

Para aquellos que quieran dar un paso más y se animen a convivir con fantasmas, en el Stanley Hotel –ubicado en Colorado, Estados Unidos– se ofrece esta oportunidad única. Lo particular del clima de terror que alberga el hotel es que, en la habitación 217, Stephen Edwin King escribió su famosa novela “El resplandor”. Algunos dicen que el escritor basó su libro en vivencias personales en dicho hotel. En 1911, por ejemplo, el ama de llaves Elizabeth Wilson murió a causa de una explosión de gas.

Después de su muerte, en 1950, los clientes comenzaron a ver su fantasma. Hoy en día, en la habitación 217 la puerta se abre y se cierra periódicamente, se pueden oír pasos y aullidos. Además, aparecen fantasmas de niños que juegan, ríen y gritan por la noche. Aquí, además de alojarse en el hotel fantasmagórico, se puede hablar con un experto e investigador de lo paranormal y dar un paseo con él por la ciudad en busca de más espectros.

 

Cementerio de Père Lachaise

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Père Lachaise en París es el cementerio más grande y al mismo tiempo el más conocido de la capital francesa. Fue construido a principios del siglo XIX para sustituir muchos camposantos más pequeños que tuvieron que ser cerrados en aquel entonces. Para una ciudad tan bulliciosa como París, durante el día está muy tranquilo. El parque está atravesado por calles anchas flanqueadas por tumbas de granito y mármol. Muchas de ellas se han ido derrumbando con el tiempo, pero los restos siguen en pie. Cada año, unos dos millones de personas visitan el cementerio, donde están enterradas estrellas y artistas como Edit Piaf, Frederic Chopin y Jim Morrison. Sus tumbas son lugares de peregrinación.

 

Cementerio Central de Viena

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El Cementerio Central de la capital austriaca se inauguró en 1874 y con una superficie de casi 2,5 kilómetros cuadrados y unas 330.000 tumbas es actualmente uno de los más grandes de Europa. En 1863, el ayuntamiento de Viena decidió construir un gran cementerio fuera de la ciudad cuyo límite de capacidad nunca se alcanzó y donde pueden encontrar su última morada todos los muertos de la capital austriaca.

Aquí están enterrados en panteones músicos y compositores como Ludwig van Beethoven o los contemporáneos Udo Jügens y Falco. Con su estilo arquitectónico art déco, el cementerio es una de las atracciones turísticas especiales de la ciudad. En abril, mayo, junio septiembre y octubre se ofrecen, previa reserva, visitas guiadas de dos horas de duración.

 

Cementerio Judío de Praga

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Con una superficie de solo una hectárea, el Cementerio Judío de Praga es relativamente pequeño. Aun así, en este camposanto, situado en el centro de la ciudad vieja de Praga, están enterrados los restos mortales de unas 100.000 personas, en algunos casos en unas 12 capas de tierra por falta de espacio. Los monumentos fúnebres, algunos de los cuales datan del siglo XV, están pegados unos a otros. Como en el gueto judío no existía la posibilidad de ampliar el cementerio, este ha conservado en gran parte hasta el día de hoy sus dimensiones históricas.

Whitsby, la “isla de la muerte”

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En el Cementerio de la Abadía de Whitby, en el norte de Inglaterra, ronda el fantasma del conde Drácula, al menos esto es lo que escribió Abraham Stoker en su novela homónima del año 1897. Supuestamente, fue en Whitby donde el famoso vampiro desembarcó durante un viaje a Londres. Desde entonces, un sinnúmero de fans del libro visitan cada año el cementerio en el condado de Yorkshire. Situado en un acantilado, el cementerio está junto al mar y en su centro se encuentra la iglesia histórica de Santa María. Algunas partes del templo datan del siglo XI. Hace más de 100 años que ya no se realizan enterramientos en el viejo cementerio, entre otros motivos porque existe el riesgo de que los cadáveres sean desenterrados por los corrimientos de tierra que se producen con frecuencia en la zona.

En el año 1808, Napoleón Bonaparte ordenó que los muertos en la ciudad de Venecia fuesen enterrados en adelante en un cementerio general a ser construido en la isla de San Cristoforo della Pace. A tal efecto se levantaron muros alrededor de la isla y se construyó una entrada monumental. Sin embargo, la isla-cementerio pronto resultó ser demasiado pequeña, por lo que se decidió comunicarla con la vecina isla de San Michele. El canal que separaba ambas fue rellenado. Desde entonces, la “isla de la muerte” una y otra vez se fue ampliando poco a poco, hasta alcanzar la superficie actual de 17,6 hectáreas. Es la única isla declarada enteramente como cementerio.

 

La Torre de los locos

Imagen de un cráneo de un participante en la primera vuelta al mundo de la Marina de Guerra austriaca en 1858 que fue encontrado en el estómago de un tiburón.

Viena y la muerte son un amor eterno, dice el refrán. Pero ninguno de sus cementerios o iglesias deja una impresión tan duradera como la “Narrenturm” (Torre de los Locos) con su colección anatómico-patalógica. Aviso para los visitantes: no podrán deshacerse rápidamente de las imágenes de esta torre del horror. La Narrenturm terminó de construirse en 1784. Tiene forma de cilindro, cinco plantas y 139 celdas en las que vivían encadenadas personas mentalmente enfermas. En lugar de locos, las celdas albergan hoy toda clase de monstruosidades imaginables e inimaginables.

Cráneos tatuados en las estanterías y armarios de la Torre de los Locos.

La Narrenturm es considerada como el museo patológico más grande y más antiguo del mundo. Los aproximadamente 50.000 objetos se pueden agrupar en dos categorías: cadáveres o partes de cadáveres conservados en alcohol, y réplicas de cera de partes enfermas del cuerpo. En la época anterior a la invención de la fotografía en color, estos modelos eran imprescindibles para la formación de jóvenes médicos. Al lado de estos horrores, la colección de cálculos renales de un urólogo cuya fama se desvaneció hace mucho tiempo parece más bien graciosa. Un objeto estrafalario es el cráneo de un participante en la primera vuelta al mundo de la Marina de Guerra austriaca en 1858: supuestamente, sus compañeros sacaron la cabeza del estómago de un tiburón.

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