GASTRONOMÍA / BUENOS AIRES

Doce bares bien porteños

Fotografía, whiskies, poesías, banderines, fútbol, beatlemanía, peronismo… cada loco tiene su tema. Fotogalería

EL DEL CARMEN. Este era el nombre original, pero los mismos vecinos fueron torciendo el hábito del nombre al hacer referencia a la esquina predilecta del bandoneonista, que iba todas las noches a tomar whisky escocés. [ Ver fotogalería ]

Ficha

Región: ,

Cuánto tiempo ir: días

Cuándo ir:

Con quién ir: , , ,

Ideal para: ,

Por Laura Blanco (*)

LOCOS POR EL FUTBOL. Aquí no hace falta llegar una hora antes para conseguir la mejor ubicación, porque todo es pantalla y es casi imposible perderse una jugada del partido. Tal como su nombre lo indica, este es un bar para fanáticos del balón, el ideal para ver el clásico del domingo. Moderno y con camareros jóvenes, el lugar apuesta a turistas interesados en vivir en carne propia la pasión futbolera. ¿Las especialidades? Hamburguesa LxF, alitas de pollo y hot, nachos con salsa brava, guacamole y sour cream. Hay happy hour en cervezas y tragos de 18 a 21. Para los partidos importantes hacer reserva telefónica. En estas ocasiones, la consumición mínima es $ 50. (Azcuénaga 1898; pizza desde $35, cerveza $ 17).

HARD ROCK CAFE. Con más de 150 sedes en todo el mundo, es un clásico para los fanáticos de la música. Espacioso y moderno, está decorado con imágenes de Elvis Presley y Bob Marley, discos de vinilo, guitarras eléctricas y pantallas donde se proyectan videoclips y recitales. Los platos –típica comida estadounidense– llevan el nombre de estrellas del rock. No te pierdas sacarte una foto junto al enorme vitraux donde The Beatles cantan junto a The Rolling Stones. Exhibe instrumentos, ropa y fotos de rockers y bandas locales, como Caballeros de la Quema, Pappo, Gustavo Cerati, Andrés Calamaro y Attaque 77. Las perlitas: las guitarras de Megadeth, del ex Led Zeppelín Jimmy Page, de Eric Clapton y una acústica de Bob Dylan. (Pueyrredón 1119, en el shopping Buenos Aires Design, un menú, alrededor de $ 100; happy hour, $ 65).

ACABAR. Los juegos de mesa son el punto fuerte de este bar de Palermo: desde el clásico ajedrez hasta el más osado Sexonary. Ya desde la entrada, un enorme juego de sapo y el ruido de las piezas del Jenga al caer invitan a la experiencia lúdica. La comida prioriza los platos caseros y abundantes: bastoncitos de muzzarella, pastas, goulasch y spätzle y bifes a la húngara. Los fines de semana, llegar temprano o reservar. (Honduras 5733, cerveza de litro $ 23; un plato desde $ 30).

HISTORIETA NACIONAL. Mafalda, Clemente, Patoruzú, Hijitus, Matías, Inodoro Pereyra… sólo algunos de los muchos seres de la historia gráfica local que pueblan este restaurante y museo, con ediciones legendarias de revistas como El Mosquito y Condorito, originales de autores como Quino, Caloi y Landrú y merchandising del género. Alberto Rodríguez, dueño y fanático, se jacta de tener “tesoros” (Superponcho y Juancito Peronista). El ambiente es blanco y con muebles estilo Luis XV. También hay terraza climatizada donde tomar mate con tortas fritas ($ 24). Hay repostería artesanal. (Honduras 5207, café con leche y sándwich de crudo, queso y tomate $ 34).

EL BANDERIN. Nacido en los años 20 con el nombre de El Asturiano, es uno de esos típicos bares porteños donde se entremezcla el pasado y el presente. el local aún conserva el aspecto de un viejo almacén –de hecho, ése fue su origen– y está empapelado con más de 500 banderines, camisetas autografiadas por jugadores (todos quieren la de Caniggia en Nigeria durante el Mundial 94), recortes de diarios y fotografías antiguas. Todo empezó cuando su dueño, Mario Riesco (76), fanático de River Plate, comenzó a juntar banderines de los Millonarios. Hoy, además, las paredes lucen banderines extranjeros porque, al no encontrar el de su equipo, los turistas se lo envían por correo. Declarado Café Notable de la Ciudad de Buenos Aires, recibió a célebres como Angel Firpo, Pascualito Pérez y Tato Bores, quien grabó allí una escena de su ciclo Good Show. (Guardia Vieja 3601, los miércoles hay show de tango. Precios “salados”, pero con sandwiches bien cargados. “Aquí no existe la paleta”, jura Riesco).

ESQUINA ANIBAL TROILO. Bautizado en sus orígenes como Del Carmen, este bar cambió nombre y destino gracias a la asiduidad de Aníbal Troilo, quien lo “adoptó” como rincón predilecto. El bandoneonista tomaba cada noche un whisky y, si llegaba la inspiración, componía. Luego de su muerte en 1975, el bar fue declarado Monumento Histórico por el Concejo Deliberante de la Municipalidad de Buenos Aires. Hoy, su aspecto moderno contrasta con los más de 300 cuadros de sus paredes, fotos y partituras de su ilustre comensal. (Paraguay 1500, menú del día $ 65).

36 BILLARES. Ubicado en una de las avenidas más tradicionales de Buenos Aires, es un clásico indiscutido de turistas y porteños. Con más de 115 años de vida y declarado Sitio de Interés Cultural es, además, uno de los pocos bares en los que todavía se encuentran mesas de billar. Allí, en el subsuelo, también es habitual ver partidas de truco, dados, dominó y pool. Junto con El Tortoni, es uno de los cafés más típicos y pintorescos, ya que conserva su decoración original: madera y bronce, arañas que cuelgan del techo y un enorme reloj. De noche, seguramente habrá algún espectáculo de tango. En sus mesas, solían sentarse Federico García Lorca y Abelardo Arias. (Av. de Mayo 1265; ensalada $ 42; derecho de espectáculo circa $ 40).

EL PALACIO. En 2001. ante la falta de trabajo como fotógrafo y la ausencia de clientes en su bar de Chacarita, Alejandro salió a recorrer la provincia de Buenos Aires. “Comencé a comprar cámaras fotográficas viejas –cuenta el dueño de El Palacio–. Cuando junté unas 40, mandé a hacer una vitrina y las exhibí en el bar. Hoy, después de diez años, tengo una colección de 2.500”. Así, el bar tiene uno de los primeros daguerrotipos del país (de 1840) y 5 mil fotografías estereoscópicas, (imágenes que crean ilusión 3 D). De esta forma, la clientela fue creciendo y cambiando, ya que captó la atención de estudiantes, profesionales de la fotografía y turistas. Además, Alejandro empezó a dar cursos (los miércoles de 10 a 12, iniciación a la fotografía, gratuito), exposiciones amateurs y shows de jazz y tango. (Av. Federico Lacroze 3901; milanesa con fritas, 32).

LA POESIA. En abril de 1982, el poeta Rubén Derlis abrió un bar en la esquina de Bolívar y Chile, en pleno barrio de San Telmo que, durante seis años, reunió a escritores y artistas que comenzaron a generar una movida bohemia en un contexto cargado por el clima de una reciente democracia. Sin embargo, en 1988 debió cerrar sus puertas y, durante décadas, pasaron por el local varios emprendimientos que fracasaban casi antes de arrancar. Luego de 26 años, Pablo Durán y Laura Carro, un matrimonio dedicado a “rescatar” bares históricos (son dueños de Margot, en Boedo, El Federal, en San Telmo y Bar de Cao en San Cristóbal), le dieron vida nuevamente, con la ayuda de su primer fundador. Muebles de madera, piso original en damero, jamones colgando, antigüedades y fotografías de personalidades le aportan personalidad. (Chile 502; gasto promedio p/persona $ 45).

CAFE DE LOS INCAS. Los amantes del whisky seguramente ya lo conozcan o, al menos, deberían hacerlo. El Café de los Incas es un rincón de la ciudad de Buenos Aires dedicado enteramente a esta bebida. Parece una típica confitería de señoras paquetas de Belgrano, pero adentro las botellas se adueñan del espacio. Con una barra de estilo inglés, compuesta por más 350 single malts, pure malts y blends, este bar recibió más de 30 premios internacionales otorgados por destilerías. La atmósfera es la de un verdadero pub londinense. La variada carta de whiskies ofrece más de 350 etiquetas, pero también hay picadas, desayunos y meriendas. Su dueño, Miguel Angel Reigosa, presidente de la asociación Whisky Malt Argentina (con más de 3.700 miembros) y poseedor de la mayor colección de botellas del mundo (2.750), organiza catas y cursos. “Mi objetivo es difundir en el país la cultura de esta bebida”, afirma y confiesa que fue su padre quien le presentó al “gran amor de su vida” a los 14 años. ¿La botella más extraña? “Una del viaje inaugural del Concord en 1975. Son numeradas y hay sólo 175 en el mundo”, explica Reigosa. Los socios tienen lockers especiales para guardar sus botellas preferidas. (Av. De los Incas 3909; el whisky más caro, J&B Ultima, $ 1000 la medida).

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(*) Nota publicada en el suplemento Turismo del Diario PERFIL el sábado 15 de septiembre de 2012.

 

8 Comentarios en “Doce bares bien porteños

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